A Contracorriente

Enrique Arias Vega

Un mundo de desplazados

Tanto hablar de globalización y cada vez hay más gente que no puede vivir en su propio país. Lo acaba de reconocer el Comisionado de la ONU para los refugiados: diez millones de personas hubieron de desplazarse por el mundo durante el último año huyendo de la represión.

Una diáspora semejante sólo se produjo al final de la Segunda Guerra Mundial, con la modificación de fronteras en una Europa dividida y martirizada.

O sea, que nos pasamos todo el tiempo criticando este mundo global y la homogeneización de pautas de conducta que impone cuando, en realidad, hay millones de personas que buscan todos los años un lugar donde poder caerse, vivas, mejor que muertas.

En el ranking actual de desplazados, los primeros puestos son para Irak y Afganistán, dos países ocupados, de hecho sin un Estado central que los proteja y sometidos a todo tipo de tropelías de facciones étnicas, religiosas y políticas antagónicas. Ambas naciones se van vaciando de personas que huyen del horror, como antes que ellos lo hicieron los habitantes de algunos lugares de África.

Otros tuvieron peor suerte, como ese 20 por ciento de la población camboyana, asesinada en los años 70 por los khmer rojos, o el millón de tutsis masacrados en Ruanda por los hutus en 1994.

Es que no hay nada mejor que una guerra para hacer lo que se denomina limpieza étnica, es decir, acabar con los diferentes a uno: a quienes no se los mata se los exilia. Que se lo pregunten a la antigua Yugoslavia, escindida en seis Estados lavados y centrifugados de elementos espurios y donde Kosovo espera ser de inmediato la séptima republica independiente.

También podrían explicarnos algunas cosas los palestinos, algunos de los cuales llevan hasta 60 años de exilio permanente, sin que los vecinos países recipiendarios hayan querido integrarlos, prefiriendo mantenerlos en cutres campos de refugiados. Ahora, para colmo, el fanatismo partidario y religioso ha iniciado la matanza entre ellos.

Ése es el mundo que, aunque no nos guste, vemos a nuestro alrededor.
No nos extrañe, pues, que más allá de la inmigración por motivos económicos tengamos la de los desplazados políticos, de más difícil acomodo que los primeros. El gran riesgo de los países de acogida es el de reproducir los esquemas anteriores y no saber integrar a los que llegan. Así, inevitablemente, crearíamos nuevos antagonismos intergrupales y vuelta a empezar.

Es de esperar, con todo, que, si no mucho, algo hayamos aprendido de la historia.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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