A Contracorriente

Enrique Arias Vega

No hablo de política sino de sentimientos. La política es algo contingente y hasta mudable. Algunas gentes que un día defendieron unas posiciones, tiempo después lo han hecho con las opuestas. O sea, que no radica muchas veces en las convicciones sino en el oportunismo. Incluso ha habido tipos sublimes, como aquel jefe de policía francés, Fouché, superviviente de la Revolución Francesa y que sirvió a tres regímenes diferentes.

Me refiero, ahora, a esos jóvenes radicales de San Sebastián que se han ensañado con la Ertzaintza. La mayoría de ellos no vivían cuando el régimen de Franco, quien murió hace 32 años. O sea, que la suya no es una reacción frente a la opresión inmediata, ante una injusticia directa. El suyo, en cambio, es un reflejo del odio. “Y el odio, aunque sea a la injusticia, también deforma la cara”.

Lo decía Bertolt Brecht, insobornable intelectual de izquierdas al que seguramente ninguno de ellos ha leído. Y es que el odio no genera honestidad, bienestar o convivencia, sino que destruye todo aquello a que se aplica, pero también a quien lo aplica.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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