A Contracorriente

Enrique Arias Vega

España, menos que ayer pero más que mañana

A buenas horas se ha sacado de la manga Rodríguez Zapatero el eslogan de “el Gobierno de España” para apostillar su acción política. Si hubiese esperado un poco más, el lema se habría referido simplemente al “Gobierno estatal”, “central”, “federal”, u otro apelativo similar, dado el creciente desuso del adjetivo “español”.

Una serie de sucesos, la pasada semana, demuestran lo precario no ya del término, sino de la estructura política que lo sustenta.

El lehendakari Ibarretxe se desayunó hace diez días en Puerto Rico abogando por su referéndum emancipador de Euskadi y reiterando que “los vascos seremos lo que los hombres y mujeres que vivimos en aquella tierra, que tenemos los derechos políticos en aquella tierra, queramos”. Más claro, agua. Y, para evidenciar que sus tesis soberanistas —sucedáneo amable de independentistas— son mayoría en su partido, cuatro días después el moderado Josu Jon Imaz anunciaba su retirada del PNV y de la política.

Otro lugar de la península, Cataluña, celebró el día 11 su Diada Nacional con un fervor separatista sin precedentes. Hasta el ex presidente Jordi Pujol, de suyo hombre moderado, calentó la jornada al afirmar que «estamos en el peor momento que yo he vivido en mucho tiempo”. “En la época de Franco —añadió— el régimen era anticatalán, nos trataba mal, nos perseguía, metía a gente nuestra en la cárcel, pero la sociedad española no estaba tan envenenada como ahora».

Ya ven que el tema se las trae. Todo esto, en un contexto de provocaciones varias. Pasqual Maragall, en acelerado proceso de radicalización, pide que la Constitución reconozca a Cataluña como nación, mientras que Artur Mas y otros líderes institucionales propugnan rebelarse ante la prohibición del partido de fútbol entre las selecciones “nacionales” de Cataluña y Estados Unidos.

Sigamos. Mientras un dirigente de ERC, Joan Carretero, encabeza una manifestación radical e independentista, el presidente de su partido y vicepresidente de la Generalitat, Carod Rovira, consigue que el Dalai Lama reconozca públicamente el “hecho diferencial” catalán. Claro que otros personajes públicos, como Jimmy Carter, también mantienen que hay que negociar con ETA mientras ésta sigue asesinando.

El último acto, por ahora, de este esperpento de despropósitos, lo protagoniza el miembro del Consejo General del Poder Judicial Alfons López Tena, natural de Valencia, al declarar que “los catalanes estamos sometidos a un proceso de discriminación, exclusión, subordinación y, a fin de cuentas, asimilación y/o genocidio”.

Pero, ¿de qué nos sorprendemos? Hemos ampliado los estatutos de autonomía hasta límites que, probablemente, sobrepasan la Constitución y eso, en vez de apaciguar el afán de ruptura política, exacerba el independentismo. ¡Si hasta la bandera de España resulta hoy día un símbolo ominoso y, por ello, de uso casi clandestino! Por haberla puesto durante un ratito en la fachada de su ayuntamiento, la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola, recibe amenazas de muerte. Pero es que en Pamplona, cuando la “legal” ANV da una rueda de prensa retira pública e impunemente la enseña nacional. Claro que nuestra bandera tampoco ondea en la mayoría de ayuntamientos vascos y en algunos regidos por el Partit Socialista de Catalunya.

Ésta es la “mayor cohesión nacional” de que presume Rodríguez Zapatero, la evidencia de que “España no se rompe”, como recuerda constantemente Pepiño Blanco. Ante ello, uno no entiende la actitud acomplejada del PP, incapaz de argumentar que si las cosas no han ido a más quizás se deba a sus constantes denuncias. Claro que cuando gobernaba Aznar éste también hizo concesiones inimaginables.

Sea por lo que fuere, algunos analistas foráneos señalan que, tras la previsible independencia de Kosovo, otros territorios europeos pueden seguir el mismo rumbo, antes o después: Osetia del Norte, Euskadi, Escocia, Cataluña, Nagorno-Karabaj…

El asunto no está, pues, para tomárselo a la ligera ni para supeditarlo a alicortas estrategias electorales. De hacerlo, ya podemos ir encargando una medalla que parodie a aquéllas del día de San Valentín y que en su caso diga: “España, menos que ayer pero más que mañana”.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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