A Contracorriente

Enrique Arias Vega

¿A quién creer?

Supongo que la mayoría de las personas que en este mismo instante nos rodean son lo que dicen que ser. Pero, ¿estamos seguros? ¿De verdad es titulado el médico que nos atiende en la Seguridad Social? ¿Nuestro nuevo vecino del segundo primera es un estudiante, como dice, y no un terrorista camuflado?

La historia está llena de falsedades y supercherías que pocas veces se descubren. Acaba de suceder ahora con Alicia Esteve Head, Tania, según el fantástico personaje que se inventó como superviviente de las Torres Gemelas. Su relato de aquel infierno era tan conmovedor que la hicieron presidenta de una asociación de víctimas de la tragedia.

Lo mismo ocurrió hace dos años con un anciano octogenario, Enric Marco, que llevaba treinta años presumiendo de un falso pasado como represaliado de los nazis. Pese a no haber pisado, de verdad, un campo de concentración en su vida, llegó a presidente de la Amical Mauthausen y contó ante el pleno del Consejo de los Diputados las torturas de sus carceleros con todo lujo de detalles.

Estamos, pues, rodeados de falsarios, de personajes que viven vidas ajenas a falta de suficientes estímulos en la propia, de tramposos que se benefician de nuestra buena fe, de nuestra ignorancia y de nuestra necesidad de mitos a los que admirar. Claro que eso de ponerse en la piel de otro también lo hacen los actores, pero lo realizan con nuestro permiso, sin llegar a creérselo. Sólo cuando un actor es devorado por su personaje acaba pasando por un psiquiátrico, como le ocurrió al pobre Anthony Perkins.

Pero no son sólo personas del común las que fingen ser lo que no son. Les sucede a todos aquellos deportistas que gracias al dopaje consigue unos éxitos que por sí solos no lograrían ni de coña. Pues bien: acaba de saberse que uno de nuestros mitos atléticos, Marion Jones, la pentamedallista de Sydney, no es más que una tramposa drogata. ¡Dios mío!, si nos quedamos ya hasta sin referentes deportivos, ¿en quién podemos creer?

Cada vez los no ponen más difícil. A uno le gustaría confiar al menos en la clase política, que se ocupa de nuestro porvenir colectivo. Pero me temo que, a tenor de las promesas que hacen y cómo las incumplen luego sin ningún rubor, muchos de ellos pertenecen al club de los falsarios. Y, lo que es peor, algunos de ellos, a diferencia de Tania Head y de Enric Marco, ni siquiera se creen las historias que nos cuentan.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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