Supongo que Bern Schuster no va a los entierros porque le molesta no ser el protagonista. También hay asesinos múltiples que lo son por afán de notoriedad.
Cuando jugaba en el Barça, Bern era famoso por su buen juego y, sobre todo, por sus desplantes. El objeto de su desdén solía ser el presidente, Josep Lluís Núñez. No se metía con el club porque nadie es tan suicida que se quede sin comer por un calentón verbal. Pero en cuanto pudo se marchó del club.
Ahora, en el Real Madrid, pese a ir primero, no hace muy felices ni a los aficionados ni a Ramón Calderón. Pero, por encima de todo, busca justificarse. Para ello no duda en arremeter, vía árbitro de fútbol, con la Cataluña que le dio el pan y la sal.
Lo malo de estos tipos capaces de enfrentar a colectividades enteras por problemas estrictamente personales, es que además resultan insidiosos. Según él, después de decir lo que dijo, la culpa la tenemos los periodistas, que hemos interpretado torticeramente sus palabras. ¿Verdad que les suena esta argumentación?
