¡Buena la ha armado el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote!
Ha movilizado contra él a no sé cuántos miles de ciudadanos. Probablemente menos que el expolio del Archivo, pero seguro que más que la guerra de Irak.
Pero, sobre todo, ha provocado un intenso malestar en la madrileña calle Génova, sede central del Partido Popular.
Resulta que el mismo día en que Mariano Rajoy ofrece a toda España una reducción de impuestos si llega a La Moncloa, Lanzarote evidencia ante esa misma España cómo un alcalde del PP sube impunemente los tributos.
En la Junta de Valladolid, qué quieren que les diga, no preocupa tanto la acción de Lanzarote como en Madrid. Herrera, que recibió hace una semana al alcalde de Salamanca, salió reelegido el pasado mes de mayo por otros cuatro años, igual que su correligionario salmantino. O sea, que ahora no se juega nada. De aquí a 2011, debe pensar, hay tiempo de sobra para que los ciudadanos olviden la alcaldada de Salamanca.
Pero Rajoy, en cambio, se la juega ya. Según Génova, los comicios del próximo marzo serán tan ajustados que habrá que pelear a dentelladas por cada diputado. Se va a hacer así hasta en Teruel, donde entre PSOE y PP anda bailando un escaño. Así, pues, el que los populares, en vez de sacar tres diputados en Salamanca, como esperaban, puedan obtener sólo dos por un error estratégico del líder provincial lo estiman una pifia mayúscula.
Pero no sólo eso. El inoportuno impuestazo salmantino puede deslegitimar todo el programa electoral del PP. “¡Como a Pepiño Blanco le dé por machacarnos con ese tema nos va a fastidiar un rato!” han llegado a decir en la calle Génova.
Así que Lanzarote habrá de envainársela, con perdón. Al igual que en su día Clinton dijo “he entendido el mensaje del pueblo” y a continuación cambió su política, no le quedará otra al alcalde salmantino que retirar su propuesta y apretarse el cinturón.
