A Contracorriente

Enrique Arias Vega

Hacia la guerra civil por la lengua

Se están diciendo tantas barbaridades durante la campaña electoral, que recopilarlas todas resultaría tan difícil como devolver el Teatro Romano de Sagunto a su estado original.

Me quedo sólo con una: la perpetrada por el número 2 de CiU, Pere Macías, al decir que garantizar la enseñanza del castellano en Cataluña, como propone Mariano Rajoy, “es una política segregacionista que pone los pelos de punta” y que conduciría inevitablemente a una “guerra civil a 25 años vista”.

¡Jobar! La única manera de que quien quiera estudie en castellano, según el belicista político nacionalista, sería crear escuelas distintas para los hablantes de las dos lenguas oficiales en Cataluña, como las que había en la Sudáfrica del apartheid, unas para blancos y otras para negros. Ya me dirán.

Artur Mas ha corregido públicamente, por suerte, a su lenguaraz lugarteniente, pero lo dicho, dicho queda. La esperanza de paz para ese tipo de nacionalistas, sin embargo, radica en que no se enseñe en castellano. Si no, el señor Macías estaría dispuesto a liarse la manta a la cabeza y a impartir mandobles sin cuento a los castellanohablantes.

Miren por dónde, el dilema lingüístico acaba de ser resuelto, casi sin darse cuenta, por Rodríguez Zapatero, al prometer que aquí todos los chicos hablarán inglés antes de quince años: muerto el perro, se acabó la rabia.

De todas formas, en las últimas décadas se han producido en Cataluña bastantes casos de bilingüismo inglés-catalán, obviando el castellano. Los folletos y programas de cantidad de congresos se han escrito sólo en esas dos lenguas, como si Barcelona, en vez de estar situada España, lo hubiese estado en Hawai o, como ahora está más de moda, en Kosovo.

Con esa animadversión hacia la lengua española de algunos políticos nacionalistas, uno entiende la dificultad que hallan muchos niños catalanes para poder salir de su medio geográfico y ampliar su horizonte vital. Por ejemplo: en Barcelona existe el mejor centro de alto rendimiento para deportistas, el Joaquín Blume. Acoge chicos de toda España con proyección deportiva, a los que se forma en su especialidad y se les enseña el bachillerato. Aquellos que tienen más problemas de adaptación, al expresarse peor en castellano, son precisamente los catalanes.

Poco debe importarles eso a las gentes que, como Pere Macías, están dispuestas a partirse la cara, no ya para que sus hijos aprendan catalán, que sería lo lógico, sino para que no aprendan castellano. No me digan que todo esto no es la leche.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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