Los foros digitales suramericanos están que arden sobre la posibilidad de una guerra en aquella parte del continente, la cual no consideran tan improbable.
Es el primer logro del belicoso Hugo Chávez. En espera de un hipotético conflicto cruento con Colombia, ya ha armado la guerra dialéctica. Eso, el situarse en el primer plano de la gresca, es la vocación del caudillo golpista.
Jamás, en el último medio siglo, ha tenido Venezuela tantos ingresos petroleros. Y nunca, en cambio, los venezolanos han estado tan desabastecidos como ahora. A Chávez le sobra dinero para dotarse de un gran ejército, para ayudar al régimen de Castro o a la guerrilla de Tirofijo —a la que presta apoyo logístico y territorial—, y le falta para beneficiar a la población de su país.
Sólo se precisa una pizca de yesca para incendiar una Sudamérica que ya ha vivido guerras tan grotescas e inhumanas como la de El Chaco y donde aún persisten fronteras en litigio. Nada de todo esto parece importar al dictador venezolano con tal de ser él el protagonista del conflicto.
