Mientras Barack Obama y Hillary Clinton siguen peleándose por el voto demócrata delegado a delegado, como el único candidato republicano a la presidencia de EEUU, John McCain, no tiene con quién discutir, se ha pasado este sábado hablando todo el día de economía, la principal preocupación de los norteamericanos.
También lo es de los españoles. Cuatro de cada diez compatriotas opinan que la economía va mal. Y más del 70 por ciento piensa que dentro de un año la situación estará igual o peor.
De momento, los datos les dan la razón: se conceden la mitad de hipotecas que hace un año, por ejemplo, y la compraventa de viviendas disminuyó un 14 por ciento el año pasado. Es más: la inflación ya ha llegado al 4,4 por ciento, con lo que carcome nuestros salarios dejándolos, en términos reales, por debajo de hace año y medio.
¿Quieren más? España no es solamente el segundo país del mundo, por detrás de Estados Unidos, en recibir una mayor avalancha de inmigrantes, lo que no está nada mal, sino que también está sólo por detrás de EEUU en déficit exterior, lo que es muchísimo peor. Quiere decir que desde 1998, último año con balanza positiva, nos hemos ido endeudando hasta las cejas, ayudados por el encarecimiento del petróleo y la solidez del euro frente al dólar.
Lo malo de este déficit público —de 2.200 euros per capita— es que, como todas las deudas, hay que acabar pagándolo y ahí vendrá el llanto y crujir de dientes, como presagiaba el texto bíblico.
Y es que hemos vivido de fábula, muy por encima de nuestras posibilidades, sin pensar mucho en el día de mañana. Entiendo pues que, con estos y otros parámetros por delante, el ministro Solbes se resistiese a repetir en su cargo, a lo que le ha obligado Rodríguez Zapatero. Total, ha argüido el presidente, las últimas promesas electorales sólo incrementan en 22.000 millones más el presupuesto y existe dinero de sobra para enjuagarlo.
Ya. Difícilmente habrá fondos suficientes, con este panorama, para atender a los gastos corrientes. Y eso que nuestro presupuesto prevé un crecimiento del PIB del 3,1 por ciento, cuando la Unión Europea nos lo ha rebajado al 2,7, como mucho.
No es de extrañar que ante tanta contradicción, los españoles recelemos de la política, convertida hoy día en el último de nuestros temas de interés. Por eso, también, el 70,6 por ciento de los ciudadanos encuestados opinan que “esté quien esté en el poder, siempre busca sus intereses personales”.
Demoledor.
