A Contracorriente

Enrique Arias Vega

No tener ninguna gracia

Un porcentaje nada desdeñable de llamadas al 112, el teléfono de emergencias, son bromas: de mal gusto, por supuesto.

Hay gente, está visto, que tiene la gracia en salva sea la parte. Como aquel personaje que parodiaba el humorista Miguel Gila, que le había colocado un petardo a un vecino: “¡Y cómo se ha puesto la viuda! —decía el animal— ¡Si no tiene sentido del humor, que se vaya del pueblo!”

Algo de eso sucede cuando se perturba el funcionamiento de las emergencias; aunque sólo sea, como hacen algunos tontos, llamando para desahogar sus penas, en vez de hacerlo al teléfono de la esperanza, o simplemente para ver si de verdad funciona.

Semejante práctica se ha extendido a otros teléfonos de servicio público. Por ejemplo, el 016, habilitado para atender a las víctimas de la violencia de género. El 80 por ciento de las llamadas de los cinco primeros meses han sido bromas, insultos, amenazas, errores de marcado o consultas sobre temas ajenos a su cometido.

Ya ven si no es para estar hasta el tupé de alguna gente.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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