Todas las universidades españolas son unas venidas a menos. No sólo por su degradación docente, que también, sino porque dada su proliferación y el fácil acceso actual a las carreras universitarias han acabado por banalizar la enseñanza y desprestigiar los títulos académicos. De ahí que haya que agarrarse al Plan Bolonia, no ya como a ese clavo ardiendo de la clásica expresión coloquial, sino como al último tablón que puede salvar al náufrago.
El caso de la Uniersidad de Salamanca, otrora polo de atracción para estudiantes de todas partes, es paradigmático: durante la última década ha perdido la cuarta parte de sus alumnos. En cualquier empresa a la que le hubiese sucedido semejante sangría de ventas, digámoslo así, se habrían encendido todas las alarmas. La Universidad de Salamanca, en cambio, parece instalada en un tranquilo sopor apenas perturbado por la no explicada dimisión de su rector.
Quizás, digo, la situación de nuestra universidad no sea tan problemática, visto el triste panorama general de la docencia en España. Pero es que en Salamanca, la universidad no es sólo una fábrica de conocimientos, sino la única fábrica a secas que existe. No es que ella aporte un valor añadido más a nuestra sociedad, sino que constituye la esencia misma de nuestra realidad y es la única institución que proyecta la imagen de Salamanca más allá de nuestras lindes.
O sea, que si la Universidad va a menos, Salamanca también.
No parece, insisto, que seamos muy conscientes de semejante situación. En un país en el que hay ya una universidad en cada esquina y donde éstas compiten, no por la calidad de la enseñanza, sino en dar más facilidades para aprobar, la de Salamanca debería apostar firmemente por todo lo contrario: por la singularidad, el rigor y la excelencia.
Ése sería el reclamo diferenciado en una sociedad donde cada día se homogeneizan más los conocimientos y se equiparan los títulos. Sólo haciéndolo así se justificará que un estudiante abandone la comodidad de su ambiente doméstico y venga, como en el aforismo clásico, a aprender a Salamanca.
