Aún está por ver a quién perjudica más la non-nata fusión de las Cajas de Ahorro de Castilla y León. En cambio, el beneficiario, siempre, y por definición, será la clase política dominante.
¿Por qué, si no, se oponen como panteras los respectivos Gobiernos autonómicos a las fusiones transversales, es decir, a las de Cajas de diferentes regiones? Pues para no perder un instrumento de poder financiero y hasta suasorio de las voluntades aparentemente más indomables.
Dentro de una misma Comunidad, incluso, la guerra puede ser a muerte, como la protagonizada en Madrid entre Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón, con Mariano Rajoy de por medio. Es que la pela es la pela, que diría el otro.
Por eso, uno entiende que Burgos, León —más que nadie— y Salamanca —apocada, siempre, la pobre—, se disputen el poder de la Caja resultante de la fusión, aunque Javier León de la Riva ya ha dicho que Valladolid es mucho Valladolid y que, si no la capital política de la región —título que oficialmente no existe— sí que es la capital financiera y el que quiera entender que entienda.
O sea, que se disputan la pieza como las panteras los despojos de un inocente cervatillo.
Ésta no es una característica exclusiva de Castilla y León. ¿Se acuerdan de los denonados esfuerzos de Manuel Chaves para acabar con el cura Miguel Castillejo al frente de Caja Sur? ¿Y el nombrar presidentes a políticos que las han llevado al borde de la quiebra, como Hernández Moltó a Caja Castilla-La Mancha? Aun es más llamativo el haber designado a todo un ex presidente autonómico, como el valenciano José Luis Olivas, pero al menos el actual jerifalte de Bancaja sabe sumar y restar.
¿Y es que se han puesto ustedes a pensar en la pasta gansa que va a manejar la futura macrocaja castellano y leonesa?
No será tanto, claro, como la de Caixa de Catalunya —con otro jefe de postín, Narcís Serra, ex vicepresidente del Gobierno de España, casi nada—, y menos aún que La Caixa, la cual se permitió en su día condonar más de 8 millones de euros al partido de José Montilla. ¿Cuántos, en cambio, nos han condonado a usted y a mí? Ni un duro, claro, pero es que usted y yo no contamos para nada en esta película.
