A Contracorriente

Enrique Arias Vega

Navidad «light»

No sé ustedes, pero yo este año he recibido menos felicitaciones navideñas que nunca. Y no me refiero a los tradicionales christmas, esos tarjetones con belenes u otros símbolos asociados a estas fechas y que acababan por decorar nuestro árbol de Navidad o la consola del recibidor.

No. De ésos ya no quedan. Bueno: he recibido uno solo, del amigo más clásico y formal que conozco. Pero ya digo. Es la excepción de lo que antaño era norma obligada en las relaciones sociales.
Ahora me refiero también a los WhatsApp y demás medios de intercomunicación electrónica. Han decaído tan abruptamente como lo hizo en su día el Imperio Romano. La gente ya no se felicita.

No sé si es por lo obvio del caso, porque no cree en la Navidad o porque se pasa todo el mes de Diciembre de fiesta en fiesta, de cena en cena, de regalo en regalo y los días se le hacen tan repetitivamente normales que felicitar a alguien ya va de por sí.

Por eso, supongo, se ha ido perdiendo la menestral costumbre del aguinaldo, como se perdió la propina al generalizarse el uso de la tarjeta de crédito. Y no es simplemente una cuestión de fe, ya que el descreimiento religioso va en detrimento de la Misa del Gallo, pero no de la celebración navideña en sí misma. De hecho, una de las escasas felicitaciones que he recibido este año abarca todas las posibilidades de respuesta religiosa al fenómeno conmemorativo de estas fechas. Dice así: “Para todos aquellos que creen en la Navidad, Felices Fiestas; para los que no creen, Felices Fiestas, también, y para unos y otros, más que feliz Año Nuevo”.

Ya ven si eso no es curarse en salud.

Lo que sucede, creo, es que a estas alturas de la película ya estamos hastiados de fiestas y de ceremonias. No se trata sólo de la costosa comparación entre Papá Noel y los Reyes Magos y que nos lleva a duplicar hoy día gastos en obsequios, sino que desde Halloween, antes inexistente, hasta la Epifanía, pasando por el Black Friday, las cenas de empresa, cotillones y demás, no damos abasto. No sólo económico, sino de tiempo para dedicar un ratito al personal. O sea, que ya no es lo de antes.

Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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