Sólo recuerdo haberme semiemborrachado dos veces en mi vida: a los 7 años en un festín tras una boda en que fui de mesa en mesa apurando las copas de champán semivacías de otros comensales ya en retirada. La segunda fue en mi segundo año como profesor invitado del Centro Superior de Hostelería de Galicia. Acepté ir de vinos con un grupo de alumnos. Nunca mais…
Al deterioro etílico se unió una orgía de queso gallego en una tasca contigua a la Praza de Galiza, que me produjo una demoledora acidez durante mis pocas horas de sueño.
Lideraba los sediciosos un tal Prada, carismático alumno y posterior director de un establecimiento de la cadena Sol Meliá en Lanzarote; el Meliá Salinas, si no recuerdo mal.
No alcanzo todavía a entender cómo fui capaz de dar las 6 horas de clase del día siguiente.
Contrapunto dulce: el alcohol rompió las barreras y accedí aquella noche a canturrear una canción en un karaoke del centro de Santiago. Advertí antes a mis alumnos que yo no sabía cantar. Caso omiso. Insistieron. Canté unos 50 segundos. No más. Nadie sugirió que continuase o que les cantase algo más. Se percataron de que el profesor Violán dice siempre la verdad también fuera de clase.
(La canción era «Penélope» de Joan Manuel Serrat: http://www.youtube.com/watch?v=GXGYBybj5qo)