«Un combate de lucha libre-dice, riéndose-. Sí, la vida podría describirse así.
-¿Qué bando gana entonces?-le pregunto.
Me sonríe con sus ojos llenos de arrugas, con sus dientes torcidos:
«Gana el amor. El amor gana siempre».
(«Martes con mi viejo profesor», página 55)