Inspirado en el video del psicólogo Bernabé Tierno me doy cuenta de que la buena educación de personas descansa en tres pilares:
LA INTELIGENCIA. Es ineludible tenerla para transmitir conocimientos. Conlleva gestión de ideas, saber exponerlas, llegar a conclusiones. Y, por encima de todo, saber relacionar conceptos: unas ideas llevan a otras.
LA BONDAD. Quien educa ama lo que enseña y en buena lógica a quien va a ser enseñado. Ello conlleva tener en cuenta no sólo las ideas sino también las emociones. Que no hay pedagogía sin amor. Que no hay docencia sin decencia.
Y finalmente LA DUREZA. Es el tercer cimiento. Es el que más me ha costado entender…e implementar. Consiste en autoexigirte para luego exigir a terceros. En no aceptar excusas. En querer avanzar siempre un pasito más. En aceptar que no todo el mundo tiene la capacidad o voluntad de alcanzar las mismas metas. En tener muy presente que a menudo los palos en las ruedas provienen de aquella misma organización a la que sirves. Y en asumir que mostrar debilidad es una invitación tácita a que el pisoteo continúe.