He regresado a Barcelona tras pasar mi estancia anual en Santiago de Compostela (habitualmente una quincena, esta vez una semana) Y ya van catorce años seguidos. Atrás dejo Galicia (lluviosa, climatológicamente muy arisca este invierno), con preceptiva visita a Coruña incluida. Me acoge una Barcelona primaveral, lo que se agradece. Mi ciudad tiene un clima benigno que añoras cuando te ausentas.
Y con mi semana gallega, me he tomado también unas buenas vacaciones como bloguero. Pero ya vuelvo a la carga. Con las pilas llenas. Con el grato sabor de los caldos gallegos, la empanada, el lacón, los grelos (tantas y tantas cosas). Y por encima de todo, el hospitalario carácter de la gente de Galicia.
(Qué preocupante la situación en Ucraina. Tengo la BBC TV conectada todo el día en un rehabilitado aparato Samsung tras dar ecológica sepultura a mi televisor Loewe comprado el 2001…)