(PD/BBC Mundo).- Cualquier tipo listo (o cretino) con dinero puede comprarse un coche de más de un millón de euros, pero hace falta un día de lluvia torrencial y algo más que mala suerte para estamparlo contra un árbol.
El pasado domingo, en una carretera de la campiña inglesa, el conductor de un Bugatti Veyron (800.000 libras esterlinas, 1,2 millones de euros cuesta el juguete) colisionó contra una camioneta; el coche acabó destrozado en un bosque junto a la calzada, y el conductor detenido por no prestar la debida atención al volante.
En el otro coche viajaba una mujer embarazada, que no resultó herida. Llovía a mares esa tarde en la carretera (a la altura de Shepperton, en el condado de Surrey, al sudoeste de Reino Unido), en la que el límite de velocidad son 60 kilómetros por hora.
El Bugatti, con un millar de caballos de potencia, puede alcanzar más de 300 kilómetros por hora y precisa de todo un ejercicio de represión a la hora de acelerar, puesto que pasa de 0 a 100 en dos segundos y medio.