Nikita Levy, del Hospital Johns Hopkins, se asfixió con una bolsa en la cabeza

Un ginecólogo graba a 8.500 mujeres con una cámara oculta y se suicida tras pedirle perdón a su esposa

Las damnificadas se repartirán ahora una indemnización de 190 millones de dólares

El ginecólogo colocaba la cámara oculta en un bolígrafo que asomaba del bolsillo de la bata, y grababa las partes ìntimas de sus pacientes en su consulta, ubicada en el prestigioso Hospital Johns Hopkins, en Baltimore, EEUU.

 

El caso del doctor Nikita Levy que filmó a 8.500 mujeres guardando las imágenes en vídeos y fotos que almacenaba en su ordenador, sacude estos días a la opinión pública de Estados Unidos y ocupa los principales espacios de los diarios más importantes del país del Norte. Ha sido encontrado culpable, y las damnificadas recibirán un montante de 190 millones de dólares a repartir.

El médico, sin embargo, no ha podido ser condenado, ya que se suicidó en febrero de 2013 colocándose una bolsa de plástico en la cabeza, no sin antes haberse despedido de su esposa con una carta en la que le pedía disculpas por lo sucedido.

DESPEDIDO

Nikita fue despedido en 2013 tras la denuncia de un trabajador del mismo centro de salud, que sospechaba de sus trejemanenes.

«Confié a este hombre mis partes más íntimas y mis secretos más internos», dijo al ‘Washington’ Post Jyllene Edwards Wilson, una de las víctimas de Levy, que presentó una demanda contra el hospital. «Ahora no confío en nadie, nunca más», añadió consternada.

Jonathan Schochor, su abogado, fue clarísimo respecto de la situación de las mujeres que sufrieron este ultraje por parte del ginecólogo:

«Muchas de estas mujeres abandonaron el sistema médico. No van más a médicos. No están siendo examinadas. Y muchas no están teniendo sus hijos, tampoco».

Levy era un médico graduado de la Facultad de Medicina de la Universidad Cornell, y trabajaba en el Johns Hopkins desde 1988. Cuando decidió suicidarse tenía 54.

Wilson todavía no sale de su asombro por lo que ocurrió:

«Desearía ponerle un final a esto. Era una persona que yo conocí y quise. Fue el único médico al que le regalé un presente para Navidad. Pero luego él se mató y nos dejó a todas sin respuestas. ¿Por qué hizo esto? Me siento como una tonta».

Myra James, de 67 años, visitó a Levy durante 20 años, una vez cada 365 días. Desde que su conducta inapropiada se hizo pública, nunca más pisó el consultorio de un ginecólogo.

«No puedo ir de nuevo. Estás ahí, tendida, expuesta. Es una violación y es horrible. Mi confianza se terminó»,

señaló la mujer a la agencia de noticias AP, y estuvo de acuerdo en que su nombre se hiciera público.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído