SALUD Y SEXO

Los 7 mitos del porno feminista

Los 7 mitos del porno feminista
Amor, deseo, sexo, chicas, erotismo y salud. XY

La definición que da de ‘pornografía’ el diccionario de la R.A.E. no deja margen a la duda: «presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación» (Esta es la monja colombiana que dejó los hábitos para convertirse en actriz porno de webcam).

No se distingue entre hombres y mujeres, ni nada por el estilo (Paula Vázquez confiesa ser una consumidora habitual de porno).

De acuerdo al estudio anual realizado por el sitio Pornhub en 2017 (uno de los más grandes a nivel mundial, con 100 billiones de videos vistos al año), las cifras no sólo dejaron asentado que las mujeres representan el 26% de las visitas anuales que recibe, sino también que durante ese año las búsquedas vinculadas al placer femenino alcanzaron cifras récord donde, por ejemplo, la categoría “porno para mujeres”, se incrementó en un 1400% (Jon Bon Jovi ataca sin piedad a Kim Kardashian: «Sólo es famosa por salir en un vídeo porno»).

Pero las mujeres no sólo consumen pornografía, también la crean. En los últimos años, la presencia femenina detrás de cámara creció a paso firme. Artistas feministas como Erika Lust, Jiz Lee, María Bala, Paulita Pappel, Irina Vega, Pandora Blake o Petra Joy, entre otras, irrumpen en la escena del porno para ofrecer contenidos que logren conciliar lo erótico con una perspectiva de género (EEUU: La Justicia rechaza la demanda por difamación de la porno Stormy Daniels contra Donald Trump).

El porno feminista se define por tener una intención política, procura cuidar las condiciones laborales de sus performers, retratar el placer femenino de una forma más genuina y promover un mensaje de igualdad y de inclusión desde la diversidad de cuerpos y prácticas.

Sin embargo, todavía se ve opacado por un repertorio de mitos que lo rechazan o lo idealizan. Pero, ¿qué podemos encontrar realmente en este tipo de pornografía? Anneke Necro, actriz y directora de porno feminista y creadora de Mantis Lab -un “laboratorio creativo” de contenidos pornográficos-, ayuda a aclarar el panorama.

1. Es sólo para mujeres lesbianas

Una de las creencias más extendidas acerca del porno feminista es que ofrece contenido exclusivamente pensado por mujeres, para mujeres. Anneke Necro explica que “normalmente, la gente cree que es lésbico, que sólo hay mujeres y que solamente es para ellas”. Sin embargo, aclara que “justamente de lo que se pretende huir es de excluir, para poder incluir cuantas más prácticas y diversidad posibles; si solo fuera para mujeres lesbianas, sería contradictorio con nuestro discurso”.

De esta manera, lo que intenta no es circunscribirse al deseo femenino, pero sí volverlo visible dentro de la escena. Las mujeres, explica Necro, difícilmente pueden sentirse identificadas con la forma en la que se retrata el placer de las actrices en el porno mainstream. “Uno de los principales problemas de ese tipo de porno es que le da totalmente la espalda al deseo femenino y no lo representa de ninguna manera, ni siquiera se intuye el orgasmo femenino”, afirma. Para ella, el ejemplo más claro “es cuando se hace una felación y la mujer está gimiendo, parece va a tener el orgasmo de su vida cuando a ella no le está pasando nada, no me lo creo”.

2. El placer no puede existir delante de cámara

¿Cómo de realista es una escena del porno feminista?, ¿puede sentirse una mujer realmente identificada con una performer? Si bien no deja de ser un trabajo en el marco de un rodaje, la actriz y directora feminista explica que, en este tipo de porno, “se cuida más la posibilidad de que disfrutes haciendo la escena”. De hecho, se pactan reuniones antes de rodar para trazar límites y definir las preferencias sexuales de los actores y, a diferencia del porno normativo, las escenas no están pautadas por un director, no es una coreografía, “la intención es que exista un disfrute”.

3. No es “realmente porno”

Mientras el porno normativo juega exclusivamente con la fantasía del hombre, aquí también busca darle lugar a otras formas de deseo posibles. Pero hay gente que cree que en esa búsqueda se pierde el capital erótico, “muchos dicen que está muy bien cinematográficamente hablando, pero que no excita, que no es realmente porno”, afirma Necro. Sin embargo, para ella este mito se desvanece al confirmar que “desde los años 60´ hay mujeres en la pornografía mainstream haciendo escenas, lo que pasa es que no lo venden con esa etiqueta, pero mucha gente lleva años consumiendo porno hecho por mujeres feministas y todavía no se ha dado cuenta”.

4. Es suave

Que es soft. Que es light. Que es ligero, tranquilo, de besos tiernos, de manos que se anudan y acarician. Necro afirma que en verdad no es así, que -de nuevo- el abanico que tiene para ofrecer este tipo de porno se define a partir de la variedad, con escenas de sexo suave pero también duras.

Asimismo, entiende que el reclamo de que el porno feminista “no es lo suficientemente duro” en verdad “no trata de si es más o menos duro, porque luego ven escenas de fisting entre chicas o de BDSM y les resulta muy fuerte, se trata de que lo que en verdad les gusta son las dinámicas de poder, la humillación”. Lo que les molesta, para ella “es cuando ven escenas de sexo que, por más duras que sean, se dan en igualdad de condiciones”.

5. Es un panfleto feminista

Si bien el mensaje de igualdad atraviesa a todo este mundo, no ocupa el mismo lugar dentro de las distintas expresiones que lo habitan. Así lo sostiene Anneke Necro, “hay distintas corrientes. En las grandes productoras lo político existe pero no es lo principal; de hecho, sus productos se asemejan mucho al mainstream”.

Para ella, las firmas más conocidas dentro del porno feminista ofrecen escenas que contienen “un feminismo muy ligero, muy digerible para todo el mundo”, aunque sí trabajan con una ética laboral que no se encuentra en el porno normativo. Después, explica que existen productoras más pequeñas, que no se deben a los dictámenes del mercado masivo para asegurar su sustentabilidad, “que son más radicales, ponen por delante lo político y reivindicativo, y el sexo o lo porno aparece en un segundo plano”.

6. Es un “jardín del Edén” del feminismo

El porno feminista no es un reducto aislado de una sociedad patriarcal y capitalista, y no deja de ser parte de un entorno que le imprime sus fallas. Así lo entiende Necro, que afirma que, pese que puede encontrarse una base y un discurso disruptivo, “también existen -aunque tal vez no de una forma tan evidente- dinámicas de abuso y de poder, existe clasismo, racismo, transfobia, que no debieran existir en espacios que se definen como feministas”.

7. Logra romper con los estereotipos de belleza

Uno de los principales reclamos del movimiento feminista es la ruptura con los mandatos impuestos de belleza que le niegan, a todos aquellos cuerpos que no los cumplen, la posibilidad de saberse y sentirse “deseables”. Necro explica que el porno feminista todavía exhibe deudas a este respecto, “existen estereotipos, porque al final la mayoría de escenas muestran personas blancas con cuerpos bastante normativos”.

Si bien no aparecen las clásicas “chicas silicona”, tampoco pueden apreciarse cuerpos gordos o con diversidad funcional. Para ella, esto responde -de nuevo- a las exigencias de responder a un mercado masivo. “Es muy difícil hacer la revolución desde la comodidad, ganando dinero”, sentencia.

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