MUNDO CRUEL

José Antonio ‘el maltratado’: «La cara se me desprendía y ella me decía: ‘ahora ya estás guapo para tus amigas'»

José Antonio 'el maltratado': "La cara se me desprendía y ella me decía: 'ahora ya estás guapo para tus amigas'"
José Antonio Romao y Deijanira, detenida. PD

Deijanira, la mujer, tiene 53 años, es brasileña y parece marcada por el destino.

Su nombre, sacado de la mitología griega como tantos en América Latina, quiere decir ‘la abrasadora o destructora de hombres’.

Y eso es, literalmente, lo que ha hecho con su marido.

José Antonio Romao, el desventurado, es un camionero portugués de 54 años.

Conoció a Deijanira en Lisboa; se enamoró perdidamente de ella, un año mayor qué el pero de apariencia mucho más joven, ardiente, sensual e impulsiva, y se instalaron en Murcia.

Estuvieron casados, con altibajos, una década y media.

El 15 de mayo de 2018, entre las 3 y las 4 de la mañana, José Antonio dormía como un tronco.

Tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Según declaró después el camionero, un par de meses ante, tras regresar de un largo viaje por Europa, la brasileña ya le había amenazado con una estaca y un cuchillo.

El motivo que la habría enfurecido era la dirección de una asociación de hombres maltratados que ella habría encontrado entre unos papeles de su esposo.

Ese día los gritos e insultos habituales se convirtieron en una amenaza que José Antonio ya no iba a superar; ese día se dio cuenta que todo había terminado.

Él le planteó que estaba dispuesto a separarse y le hizo saber «que no se preocupara, que se quedaría con la casa y con todo lo que legalmente le correspondiera».

«Yo la quería, la quise desde el primer día, pero después de lo que hizo ya sólo quiero paz, cuidarme y sobrevivir a lo que venga. Me da vergüenza decir que soy un hombre maltratado».

“Dejé la ruta internacional y mi sueldo ya no era el mismo. Yo empecé a pasar más tiempo en casa. Comenzaron las discusiones por todo. Le molestaba todo de mí: el pueblo en el que tengo esta casa, mi trabajo… Todo”.

Dice el tipo que tenía calro que debía separarse de ella. Y que se lo explicó. Pero la mujer se negó en rotundo.

“Me dijo que ya no la quería porque ahora estaba gorda y vieja. Yo le quise hacer entender que era porque las discusiones eran continuas. Ella decía que íbamos a tirar a a basura 14 años de vida juntos”.

Cuenta que cuando salía por la calle solía llevar la cabeza gacha para no tener que saludar a nadie. Dice que si alguna vez hablaba en presencia de Deijanira con una dependienta de una frutería o una pescadería, luego ella le decía: ‘¿Qué, te has acostado con ella? Reconócelo, anda’.

Y ahí seguían, hasta la noche fatídica.

Sobre las tres de la madrugada, José Antonio notó “un calor ardiente y un líquido viscoso” recorriéndole el pecho, la espalda, las manos, el cuello, la lengua y la boca.

“La cara me quemaba, la piel se desprendía y sangraba. Me ahogaba porque se me hincharon los labios y la lengua”.

El camionero intentó llegar al baño para echarse agua en el cuerpo. Poco a poco, logró bajar a la planta inferior de su casa sin que su mujer le dejara de pegar puñetazos.

Cuenta que gritaba para que los vecinos llamasen a la Guardia Civil, que tardó alrededor de 15 minutos en presentarse en su domicilio.

Cuando los agentes tocaron a la puerta, Deijanira, según su marido, decía en voz alta: ‘No pasa nada. Está borracho’. Pero José Antonio siguió pidiendo ayuda y logró abrir.

La Guardia Civil detuvo a Deijanira esa misma madrugada.

Desde entonces, Deijanira no ha salido de la cárcel murciana de Campos del Río.

Durante la instrucción ha insistido ante el juez en que es inocente. Que todo se trató de un accidente. José Antonio lo niega.

“Es mentira. Tras rociarme el ácido, me dijo: ‘Ahora sí que vas a estar guapo para que te vean tus amiguitas’.

Con Deijanira en prisión, el camionero no tiene en teoría nada que temer, pero sigue asustado.

Dice el pobre que sólo reza para que no salga nunca y que por las noches, la ve en sus pesadillas.

 

 

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