Bilbao vivió el lunes una jornada de alta tensión más propia de una película que de un vecindario tranquilo. En la calle Mena, decenas de vecinos se habían congregado para frenar un desahucio. Pero el ambiente se estalló cuando aparecieron cuatro trabajadores de la polémica empresa Horus Desokupa.
Según informó El Correo , los había contratado nada menos que Josu Álvarez, exetarra con pasado judicial, para recuperar un inmueble de su propiedad.
La escena se convirtió en un enfrentamiento abierto. Los gritos de “¡fuera nazis del barrio!” retumbaron mientras los “desokupas” estaban rodeados y el propio Álvarez era increpado por decenas de vecinos. Algunos le advirtieron que sabían dónde vivían; otros lo señalaron con rabia contenida.
El exetarra, visiblemente nervioso, aseguró que desconocía los antecedentes radicales de los hombres que había contratado y terminó pidiendo auxilio a la Ertzaintza, alegando sentirse amenazado.
Las sirenas de la Policía vasca rompieron el caos de la tarde. Los agentes intervinieron para disipar la confrontación y escoltaron tanto a Álvarez como a los trabajadores de Horus fuera del barrio, entre insultos, empujones y una tensión que aún se respiraba varias horas después.
Josu Álvarez, condenado en 2006 a seis años de prisión por ayudar a varios miembros de ETA a huir a Francia, no logró su objetivo: el desalojo quedó frustrado, y la calle Mena vivió una jornada que muchos vecinos difícilmente olvidarán.
La sola presencia de los “desokupas” aumentó los ánimos: gritos, empujones y pancartas improvisadas con un mensaje unánime —“fuera nazis del barrio”—.
El ex militante de ETA intentó justificarse: dijo que no sabía quiénes eran esos hombres y que solo quería su piso de vuelta. Pero el vecindario no le creyó. En medio de insultos y amenazas —algunos aseguraron conocer su dirección—, Álvarez tuvo que pedir ayuda.
La Ertzaintza llegó de inmediato y se vio obligada a escoltarlo fuera de la zona, junto a los empleados de Horus, entre abucheos y un clima de máxima crispación.
Aquella tarde el barrio de Bilbao quedó marcado por el miedo y la indignación. El desalojo no se concretó, pero el episodio reavivó viejos fantasmas: el del pasado violento de Álvarez, condenado en 2006 a seis años de cárcel por ayudar a etarras a huir a Francia. Una historia de tensión que terminó con sirenas, policía y vecinos gritando “¡aquí no!”.

