Greta, un milagro caído del cielo

                                                              

Hablando de Santa Greta Thunberg, patrona del ultraecologismo verde chillón, dice la ministra de, atención, «Transición Ecológica» (les juro que no me lo he inventado): “Querida Greta, sería genial tenerte aquí en Madrid. Has hecho un largo viaje y nos ayudas a todos a generar preocupación…”. Nos ayudas a generar preocupación, dice. Ya ni disimulan. Hay que generar mucha preocupación para que la peña se enganche a la causa, y más ahora que hay elecciones. Como cuando José Luis Rodríguez le dijo a Gabilondo, creyendo que el micro estaba cerrado: “nos conviene que haya tensión… voy a empezar a dramatizar…”.

Y es que su producto original -el socialismo- caducó hace mucho tiempo y ya no saben qué generar ni qué vender para que les siga el rebaño. Ecologismo, feminismo, colectivo gay, memoria histórica, los huesos de Franco…Todo es bueno para el convento, y Santa Greta, la quinceañera que anda un poco perjudicada de la cabeza, también. Si a sus papás no les preocupa que acabe mal -que acabará mal- imagínense lo que le preocupa a la ministra o a Sánchez.

Hace unos días estuve a punto de hacerme el seppuku después de ver en la sección diaria de catástrofes medioambientales del telediario -que pagamos todos- que la preocupación por el medio ambiente es ya una patología reconocida en Estados Unidos. Para confirmar la gravedad del asunto salía una voluntaria de confianza diciendo que los incendios de Brasil le habían hecho llorar mucho y que estaba súper triste. Ya verán lo que tardamos aquí en tener una avalancha de bajas laborales de preocupados por el planeta.

De momento han rebautizado el asunto del clima como “emergencia climática” -repito, emergencia, estamos en emergencia-, montan la cumbre de la preocupación en Madrid y van a traer a Santa Greta para que Sánchez se saque un selfie con ella y para que nos ilumine a todos desde el púlpito. Y desde el telediario, claro. Y luego, cuando se baje del púlpito, desfilará de rodillas ante ella la peña más entregada para que les haga una imposición de manos y aquellos que aún tenían alguna duda vean definitivamente la luz (verde). No como Javier Bardem, que no tiene duda alguna: “Greta Thumberg es un milagro que nos ha llegado del cielo».

Pero el problema es que Santa Greta en vez de estar en el cole está en América. Le han llevado allí en su yate de vela unos voluntarios que, habiendo visto a Santa Greta en acción –«me habéis robado la infancia», dice poniendo cara de la niña del Exorcista-  mucho me temo que se habrán quemado a lo bonzo.

Y como ella no vuela porque los aviones contaminan mucho, y trenes a Europa no hay, supongo que la ministra habrá pensado traérsela en globo o en dirigible. La cosa es que como creo que no tenemos globos ni dirigibles -y remando o caminando por Canadá y el Ártico se va a enfriar y va a llegar tarde para la cumbre- se me ocurre que lo mejor será que venga en el Juan Sebastián Elcano, que tiene la enorme ventaja de que si saca las velas la foto queda megaguay y megaecológica. Además en mitad del Atlántico y sin nadie mirando pueden poner los motores en marcha, que Greta seguro que ni protesta ni se chiva.

Así que me pongo cómodo y saco las palomitas a la espera de ver cómo la ministra y Santa Greta salen de esta. Pero, eso sí, hay que ver el morro que tienen.

Autor

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Lo más leído