Rubianes como metáfora.

Con Rubianes no hay que irritarse, antes al contrario: agradecerle que, como bufón, como mera carcasa hueca, haya puesto voz a lo que piensan sus amos. Rubianes no es más que un tontucio sin muchas luces, un títere que se creyó, no sé, Gassman, Peter Ustinov, mientras los espectadores y el presentador de la Televisió de Cataluña (¿o es Catalaña?) le jaleaban y reían los insultos a España. Pero el destino de los Rubianes es acabar de felpudos de la burguesía catalanista en las puertas del Liceo, o de sicarios, correveidiles y mamporreros de algún señorito neonazi de los que contrataban pistoleros en el 17 y que hoy andan travestidos de luchadores por la libertad tripartita a la caza del hispanohablante. Lo único que hay que lamentar es que de sus labios de hiena sin dientes salgan los nombres de Cervantes y García Lorca, que son como nadie “la puta España” que él quisiera ver envuelta en mierda. Rubianes es un chapero ideológico con hongos en la boca de tanto lamer la mano de su señor. Eso es lo que, según manifestó en su segunda entrevista, la más terrible, la de e-noticies.com, posterior a la de TV3 (pueden encontrarse las dos en Periodista Digital), desearía Rubianes que hicieran los extremeños, reprochándoles –aunque ahora como cobarde roedor se desdiga- que no lamieran las manos catalanas que les dan de comer, que no se comportaran siquiera como los perros. Tras los insultos contra Juan Carlos Rodríguez Ibarra, sin nombrarlo, al que así paga el separatismo su desdichada defección final frente al Pastatut y a Zapatero, Pepito Rubianes indicaba que media región extremeña come gracias a Cataluña, además de los de Cuenca (en los de Cuenca entramos todos), y que, si se quejan, lo que tienen que hacer es irse «allí, a comerse su mierda». Todo ello, como ven, con ese lenguaje inteligente y alusivo de que hace gala este pariente cercano de la mosca verde, cuya alimentación tan bien conoce.

Por supuesto, una cosa es Cataluña, comunidad que ha dado ilustrísimos hijos a la cultura y la historia españolas, en catalán y en español, y desde siempre; de la que hoy forman parte millones de personas que son las primeras en lamentar y sufrir lo que está pasando, y cuyo símbolo quizás sea el Carmelo: el barrio de los castellanohablantes hundido por la corrupción, la mentira y la desvergüenza de los que se refugian en la noble bandera aragonesa y en la lengua catalana -que tantos amamos y hablamos- para encubrir su indecente confabulación de casta. Y otra cosa es Catalaña, esa invención nazional-socialista y rufianesca, lacaya de ZP aunque crea lo contrario, cuya verdad revelan los rubianes. Todo el desprecio de los peores señoritos fascistas y de sus matones (esos cuya condición detestable representa tan bien el Donald Sutherland de ‘Novecento’) está en las palabras de Rubianes: contra la raza inferior de los pobretes españoles que vienen a pedir a las puertas de los ricoshombres de la catalanidad triomfant. Y también todo el odio de los izquierdistas facinerosos que fusilaban católicos en las tapias de Montjuic. Ambos tipos se reencarnan, como farsa, como mera estupidez descerebrada, como espectáculo para resentidos, en este Rubianes sin seso. El problema no es pues, Rubianes, sino los que le escriben el guión y lo celebran.
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Nota del editor: He tenido que cerrar los comentarios durante varios días, pues cuento con un auténtico ‘fan’, un pobre enfermo de un rencor patético cuya causa ignoro, y que lleva en poco más de dos meses que está abierto el blog casi setenta comentarios, algunos días ha metido hasta siete, todos ellos una pura acumulación de insultos sin siquiera gracia alguna, sin imaginación ni talento, contra mí y contra el resto de lectores que no manifiestan adoración por ZP. Firma como Flor, Zahara, Amorlocoporzp, Diox, Unlector, incluso con mi propio nombre, etc., pero siempre con los mismos reconocibles mensajes, y bajo un supuesto correo [email protected]. Eso lo dice todo. Entra desde su casa y desde la Biblioteca Nacional. Quienes sean asiduos a esta página ya lo conocerán. Lo único que les ruego es que no le respondan. No es una persona normal, sino que padece alguna patología causada por el odio y la frustración, que son muy malos. Rubianes a su lado es un genio. Iré quitando sus comentarios conforme los vaya detectando, pero tampoco voy a pasarme la vida detrás de él. Leerán sus alaridos contra la censura, pero no dará la cara, claro. Si me canso volveré a cerrar los comentarios, pero como ahora se ha limitado el número, no creo que sea nuevamente necesario. Todos cuantos han emitido un comentario negativo contra las cosas que aquí se dicen, saben que se les ha respetado. Faltaría más. Este caso es distinto: se trata de un boicoteador desequilibrado. En fin, como se dice en la construcción, “perdonen las molestias”.

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