En el Norte del Sur votaron ayer para separarse de sí mismos. En el Norte del Sur siempre es ayer. El diagnóstico y el sueño los fijó Salvador Espriu en su “Assaig de càntic en el temple”, uno de los más hermosos poemas escritos en “La pell de brau” y sobre la pell de brau (la piel de toro), sobre Sepharad, sobre Espanya, España: “Oh, que cansat estic de la meva covarda,/ vella, tan salvatge terra,/ i com m’agradaria d’allunyar-me’n,/ nord enllà…”(Oh, qué cansado estoy de mi cobarde,/ vieja y tan salvaje tierra/ y como me gustaría alejarme/ hacia el norte…).
La Cataluña que pasó de pobre y olvidada durante siglos, a rica y soberbia a raíz de lo que odia, su unión legal y comercial con Castilla, se soñó mejor porque había salido del hambre antes que los demás. Y gracias a los demás. Creyó ser Norte, se quiso Holanda o Dinamarca, libre del salvaje Sur, de eso que ella siempre fue, de España. Cataluña inició ayer ese viaje para ser sola Catalunya, un país “nord enllà”, civilizado, frío, impoluto frente al caos hispano. Pero ellos son hoy, más que nadie en España, todo lo que desprecian, todo lo que han imaginado no ser: la corrupción, la endogamia, el caciquismo cerril, la cerrazón a los valores universales, la reacción. Mezquinamente, como ricos sobrevenidos que cambian de domicilio para no recordar quiénes fueron, han querido olvidar el final del poema de Espriu: “Car sóc també molt covard i salvatge/ i estimo a més amb un desesperat dolor/ aquesta meva pobra,/ bruta, trista, dissortada pàtria.” (Pues soy también muy cobarde y salvaje/ y además amo con un desesperado dolor / a esta mi pobre/ bruta, triste, desdichada patria). Era la voz de un catalán que expresaba como nadie la pasión y la desesperación de los mejores españoles ante su patria. Ayer fue un día triste, y el inicio de una tragedia ridícula, no porque los perdamos, sino porque se pierden. Ya no habrá más Esprius. Si se atreven, se irán, pero nunca al ‘nord’, sino a la cueva que tendrán que blindar para que no les entren ni la vida ni la lengua ‘impropia’.
Nos queda Ciutadans, la alegría, la libertad que han defendido como jabatos solos. Tendremos que traérnoslos, son lo mejor de la mejor Cataluña, la que volverá o no se habrá ido nunca. Y cuando despierten, todavía estaremos aquí.