El ‘Madrit’, el Barcelona y el ‘franquisme’

El pasado domingo por la noche, en horario principal, TV3 emitió un documental sobre el Madrid para demostrar que todas sus victorias y trofeos fueron obtenidos gracias a la intervención del mismísimo Francisco Franco, que nada más levantarse llamaba a los dirigentes europeos del fútbol, que tanto lo querían, para que el Madrid ganara las copas de Europa. No las de España, sobre las que él podría haber tenido intervención y control divinos, sino las de Europa, donde, como se sabe, la última dictadura de Occidente era profundamente respetada.

Para ilustrarme, acabo de ver el vídeo de la inauguración del Camp Nou en 1957, en plena época de dominio continental madridista. ¡Qué hermosa manifestación patriótica! Cómo brilla la bandera de España, centro de toda la ceremonia, cómo se alza en el mástil mientras el himno de España se escucha con respetuoso recogimiento. Hay que ver lo malvado que es el ‘yutube’ este, que guarda las manifestaciones multitudinarias en Barcelona y en Bilbao cada vez que iba Franco.

El Madrid, entretanto, arrasaba, pero en Europa, porque en España quienes mandaban y ganaban todo eran, curiosamente, el famoso Barcelona de las Cinco Copas ¡del Generalísimo!(con el gran Kubala, fichado gracias a la mediación del Régimen), y el Atlético de Bilbao. A lo largo del ‘franquisme’, el equipo que más veces recogió la Copa de manos de Su Excelencia El Generalísimo, que le daba nombre, fue precisamente el F.C. Barcelona con diez. Y el segundo, el Bilbao con nueve. Esos fueron los equipos dominantes en la fase más dura del franquismo, la posguerra, cuando el control social era mucho más intenso que en el periodo posterior a la visita del presidente norteamericano Eisenhower, y el principio de apertura que supuso.

Aun así, en la década de los cincuenta el Madrid no ganó ni una Copa del Generalísimo. Y Di Stéfano, el agente franquista argentino colocado en el Madrid para hacerlo invencible, ganó una sola Copa de Su Excelencia. Las hemerotecas siempre terminan por desnudar la manipulación, infantil e inagotable, del catalano-barcelonismo, esa máquina de hacer el ridículo que, tres días después de una defección histórica, ha expuesto de nuevo, en esa vergüenza que es TV3, su verdadero rostro: el resentimiento, la incontenible rabia del perdedor de vocación, del celebrador de derrotas incluso cuando gana.

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