Por qué el PP ha perdido Cataluña y acaso España

El PP comenzó a perder Cataluña el día en que sirvió la cabeza de Aleix Vidal-Quadras, adobada y en bandeja, cual Juan el Bautista, al Herodes Pujol que ya entonces llevaba quince años construyendo mafia y nacionalismo en inextricable conjunción. Y la terminó de perder con el último vídeo en catalán de la campaña electoral reciente, con el cual reconocía que los nacionalistas llevaban razón y jugaba, una vez más, a contentarlos, a halagarlos, a tratarlos como al adolescente enrabietado que son. El PSOE había entregado Cataluña mucho antes, cuando regaló el cinturón obrero y castellanohablante a los señoritos de Boccaccio del PSC, los cuales inmediatamente pusieron sus votos al servicio de la ‘construcción nacional de Catalunya’ que estos días culmina en la CUP, la agrupación de charnegos de extrema izquierda que van a hacer posible la operación separatista.

A partir de ese momento los niños dejaron de llamarse Manuel, Antonio o Roberto, para catalanizarlos obligatoriamente si querías que tuvieran futuro. Hasta el club de fútbol Español de Barcelona se catalanizó, bajo la especie de que así demostraba que se podía ser español en catalán -algo que nadie había dudado nunca, al menos desde la Constitución del 78-, sin entender que de lo que se trataba era de demostrar que se podía ser catalán en español, que es lo que se prohibió desde entonces. Se suprimieron hasta los topónimos, y queda para la historia de la estupidez, el escarnio y el totalitarismo la decisión de eliminar nombres como Gerona o Lérida, Tarrasa o Villafranca (o La Coruña, Fuenterrabía, Mondragón) de la propia lengua española para exigir su uso en catalán. No sólo se expulsaba la lengua española de la vida oficial, se la intervenía y pervertía hasta en su léxico. Pero, lógicamente, no hubo reciprocidad, y en catalán se siguió usando Saragossa, Terol, Osca o Mùrcia, y, sobre todo, ‘Madrit’. Pero, ¡ay! si alguien en ‘Madrit’ decía ‘Sabadel’ y no ‘Sabadey’… La asimetría, el embudo, siempre lo mismo, siempre tragando, y si no, eras un ‘facha’.

Lo que ambos, PP y PSOE, le ofrendaron a la xenofobia organizada fue, pues, nada menos que los argumentos. Sobre todo, el esencial, el lingüístico, el de que la lengua de los catalanes de hoy es únicamente el catalán. Uno de los componentes del fascismo fue siempre la melancolía por lo perdido, la recreación de un pasado mítico que sólo puede recuperarse torciendo la Historia y mintiendo sobre el presente. Querer «vivir en catalán» significa ignorar el paso del tiempo y la realidad de la presencia de otras lenguas y otras gentes, de las que, implícitamente, estan reclamando su expulsión o invisibilidad. Que no les molesten. No ha habido en Europa, desde el conflicto yugoslavo, ninguna manifestación de odio étnico como esta exigencia de ‘vivir en catalán’, este deseo de regresar al pasado, a la pureza perdida, que está detrás de todo el nazionalismo. Obviamente, salvando la distancia en la consideración y uso de la violencia. La Cataluña ‘nazionalista’ se sueña y se quiere monolingüe, lo cual no es cierto desde que una dinastía castellana comenzó a reinar en Aragón a principios del siglo XV. Y mucho menos cuando fue necesario acceder al mercado que los hizo ricos.

Han pasado seiscientos años, y hoy la sociolingüística (y un paseo por Barcelona) nos aporta verdades irrebatibles: el catalán es lengua materna de menos del 40% de los catalanes; el 54% tiene como lengua materna el español; y el resto tienen otras lenguas como maternas. Y no se olvide que las lenguas maternas son imposibles de imponer (todavía recuerdo a unos imbéciles abertzales en televisión diciendo que no les habían dejado aprender su lengua materna: se ve que Franco les había puesto madres ‘fascistas’ de alquiler).

Por eso, dirigirse a los catalanes sólo en catalán es falsear la realidad, aceptar la mentira melancólica sobre la que han construido un sistema de castas ejercido desde los apellidos (repasen la lista de ‘Junts pel si’) y la sangre, y, por tanto, asumir sus falacias. Contra ellas el PP sólo ha ofrecido miedo, catástrofes, y al Ministro de Exteriores discutiendo con ‘Bolivaret’ Junqueras. Un vídeo dirigido a los catalanes debe ser rodado en ambas lenguas, porque ambas lenguas son hoy las lenguas catalanas. Y en ambas lenguas deberían estar los carteles, los topónimos y, por supuesto, las aulas. En las dos. Si hubiera Estado.

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