El Atleti y los separatistas

El Atleti no debería consentir que los separatistas lo utilizaran como Caballo de Troya contra España. O sea, contra el Madrid. O, más exactamente, contra el valor de emblema de España que sus enemigos le han otorgado al Madrid. El Atleti no debería mantener el silencio frente a aquellos que quieren convertirlo en el Antimadrid, entre los que hay una mayoría que odian al Madrid porque odian a España. Quienes ya han salido a animar públicamente al equipo del Manzanares, no lo hacen por él mismo, sino movidos por la inquina contra sus rivales ciudadanos. Es más: si fuera del Atleti me preguntaría porque a mí no me odian tanto como al Madrid, lo que me molestaría profundamente, pues hasta en eso nos considerarían inferiores. Seríamos el club al que ni los enemigos de cuanto representa le conceden categoría suficiente para ser odiado.

Paradójicamente, el equipo que lleva los colores de España en la parte de atrás de su camiseta es el Atleti, no el Madrid. ¿Por qué, entonces, los nacionalistas no se ceban en un equipo tan españolísimo como el Atleti? Sencillo: porque el Madrid es más grande, porque es el primer club del mundo y el de mejor palmarés.

Y es ahí donde entra el curioso mecanismo xenófobo de inferioridad-superioridad que alienta detrás, sobre todo, del catalanismo: la envidia eterna, el rencor inacabable que brota de la convicción de ser superiores (más cultos, europeos, industrializados, avanzados y ricos), y de la frustración ante el hecho de que esos indígenas mesetarios y del Sur, ‘los españoles’, que bailan taconeando y hacen palmas, pobretes subsidiados que viven a su costa, hayan podido crear una civilización universal, y cuenten con el club de fútbol más grande de la Historia. ¡Ah, la Historia! Esa mala madrastra por la cual ‘els castellans’ los han superado en todo. Hasta en el fútbol, odo.

Eso es lo que representa el Madrid y eso lo que odian concentradamente en el equipo de las 10 copas de Europa: la España universal que detestan y sin la que no pueden vivir. Y levantarse cada día pensando en eso, como les ocurre a Piqué, Guardiola o Xavi, debe ser amargo. Como lo es siempre la envidia, esa que hace que ni ganándolo todo puedan liberarse de su obsesión contra el Madrid. Siempre he creído que lo que nos está pasando tiene mucho más que ver con ese resentimiento, en el que crecen y se educan muchos catalanes, que con un verdadero conflicto político: es la rivalidad pueblerina de los que se sienten postergados frente al pueblo de al lado, sólo que allí algunos listos han sabido hacer de ese sentimiento una coartada política.

El sábado a muchos madridistas no nos dolería demasiado que ganara el Atleti –que ha echado de Europa al equipo de los separatistas y al equipo del entrenador separatista, ¡grande Atleti!-, que se estrenara como campeón de Europa, que ya lo debió ser en el 74, cuando el gol de Schwarzenbeck. El Atleti es el gran rival del Madrid, pero no su enemigo. Lloraremos y reíremos con ellos al acabar el partido. Y en cualquier caso habrá ganado España. ¡Aúpa Atleti! ¡Hala Madrid!

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