Consagración del espacio de la Campiña del Henares a la cultura eterna castellana (I)

 

La Canónica: la mejor novela de la Historia sobre la ciudad de Guadalajara, con el argumento más literario de la Literatura Universal -la infidelidad femenina- desde La Iliada hasta La Regenta, pero en una narración cocebida como muestrario de todos los estilos hasta finales del siglo XIX -cuyo rey indiscutible es Miguel de Cervantes-, después de las técnicas narrativas del siglo XX y finalmente con las aportaciones estilísticas del siglo XXI, entre las que destaca el Realismo Símbólico, el cual deja empequeñecido al ya muy viejo estilo del Realismo Mágico, que aportó alguna pequeña novedad, pero en los años 60 del siglo XX, ahora muy sobrepasado por el Realismo Simbólico de «La Canónica».

 

CONSAGRACIÓN DEL ESPACIO DE LA CAMPIÑA DEL HENARES EN ESTILO PLENAMENTE YA DEL REALISMO SIMBÓLICO

La Campiña del Henares como eje continuo de la cultura castellana y por Castilla y la Humanidad.

 

Una vez que el Relato final del Epílogo último de la historia narrativa de “La Canónica” hubo terminado, se hizo una luz oscura en el conjunto de la narración que advertía que la crónica de Arriaca en los tiempos referidos en estas páginas quizá hubiera llegado a su fin.

 

Pero la luminiscencia gris que aún mantenía esta curiosa composición también podía estar significando que esta parábola de símbolos y semánticas diversas pudiera no haber concluido aún.

 

Y en efecto, la luminiscencia leve que aún rutilaba intermitentemente al fondo de la fábula comenzó a crecer en ardentía hasta el punto de que progresivamente empezó a divisarse un país de países diversos que ante nuestros ojos se organizaba y poblaba de accidentes geográficos, caseríos breves, municipios, pueblos negros de pizarra constructiva, a lo lejos bajo de altas montañas que llaman la Sierra de Guadalajara y la Sierra de Madrid, que en definitiva son la misma Sierra carpetovétonica, en esta su parte sur carpetana, y luego descendiendo desde sus cumbres blancas multitud de arroyos, torrentes, regueros, regatos, riachuelo y ríos decadentes hacia el meridión de la lejana visible sierra.

 

Los cursos de agua fluían en dirección norte sur atraídos todos por algún imán seductor que les llamaba para que se lanzasen a abruptas escarpaduras, inclinaciones suaves y pendientes intermedias para acudir al embrujo de alguien que les nominaba gustosa y tentadoramente desde más abajo, y les incitaba paladeando sus nombres con la fruición del enamorado:

 

-Avanza, río Sorbe, el que nace en Campisábalos.

 

-Ven tú, Río Bornoba, en la Sierra del Alto rey nato.

 

-Adelante, adelante, románico Cañamares, desembocarás en mí pasado Jadraque.

 

-Bienvenido, Río Salado, que ya desde las estribaciones de Sierra Ministra vienes por la sal prefigurado.

 

-Enhorabuena llegas, río Dulce, por el Parque Natural del Dulce tan frescamente adornado.

 

-Ah, río Jaramilla, al que veo descolgándose de altas cumbres para ir a desembocar en el serrano río Jarama discurriendo ambos aún por la provincia de Guadalajara.

 

Y todos los demás que venís a mí desde el norte o desde le sur, soy yo el río Henares, el Faenarius río del heno, que nombraron los romanos quien os llama, hasta aquí hasta esta ciudad de Arriaca situada en un valle inclinado de la profunda Carpetania…

 

* * * * *

 

Después de esta invocación a los ríos afluentes formulada por el Faenarius henariego, otros mesnadas bélicas afluían hacia Guadalfaxara.

 

Exclamó una voz::

 

«A osadas corred Fita ayuso e por Guadalfaxara,

 fata Alcalá lleguen las algaras».

 

Cantar de Mío Cid. Versos 445-455.

 

“Con osadía cabalgad Hita abajo y por Guadalajara,

hasta Alcalá lleguen las mesnadas”.

 

Ante esta invocación el espacio de la comarca henariega a la altura de Arriaca comenzó a vivificarse.

 

La extensión de terreno que se divisaba desde las dos montañas centinelas que abren el paso a la comarca de la Campiña del Henares viniendo desde las alturas de la comarca de la Alcarria, esto es, el Pico del Águila y la Peña Alcarria eran dos heraldos de la grandeza que iba a abrirse ante los ojos de quienes vinieran por la A-2 o E-90 o autovía del Nordeste, la antigua N-II antes de que la carretera Madrid-Barcelona se desdoblase en los dos sentidos actuales.

 

Traspasados los dos heraldos montuosos que ejercían la custodia y salvaguardia de la región, la Campiña del Henares entera se divisaba desde esa Puerta de la Campiña Henariega.

 

Cualquiera de ambas cumbres, pico agudo el primero, peña achatada la que en realidad era alta meseta de la primera alcarria, permitían divisar un infinito paisaje regado por el Henares donde en primer lugar se avistaba la ciudad de Guadalajara, creciente y floreciente, ampliándose en viviendas, zonas industriales y nuevas instalaciones logísticas para el transporte de mercancías por todo el centro de España.

 

Los pueblos-ciudad del Corredor del Henares y a media distancia se divisaba la Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Alcalá de Henares, con su patrimonio arquitectónico y la primera universidad moderna planificada como tal, el centro económico, comercial, universitario, hospitalario y desde luego cervantino del Henares medio y de todo el valle del Henares en definitiva. Una ciudad y un área metropolitana que experimentaba un crecimiento continuo gracias a su cercanía a Madrid y a su atractivo económico.

 

Más al fondo, pero también muy próxima para la vista, la villa de Madrid, cuyas cuatro torres más significativas se veían de inmediato, nada más entrar en la comarca de la Campiña del Henares, por entre los dos heraldo montaraces que la anunciaban. Y que desde luego desde cualquiera de estas dos cumbres era una ciudad visible en su integridad, casi al alcance de la mano en apariencia y no solamente al alcance total de su vista.

 

¿Cuál es la región de Arriaca, señorías políticas, me preguntáis…? ¿Cuál ha de ser si ambas ciudades del Henares y la villa de Madrid están unidas ya por viviendas o fábricas formando una conurbación residencial, industrial, comercial y de afectos totalmente indivisibles, circunstancia acrecentada porque gran parte de la población más autóctona de Arriaca ha nacido en los hospitales de Madrid, dada la consuetudinaria mala infraestructura hospitalaria con que castigáis a Arriaca?

 

La misma que os dijeron que era la región propia de Guadalajara cuando se constituyeron las actuales autonomías sin oír las demandas de los castellanos ni de los arriacenses, según manifestaban todas las encuestas y toda la prensa y manifas públicas de la gente y habrían demostrado las votaciones si hubierais dejado votar a Arriaca y a Castilla libremente sobre su futuro autonómico, pero para eso habríais tenido que creer de verdad en la democracia?

 

¿Qué cual es la región de Arriaca, señores cleptocratas…? Lean ustedes los párrafos anteriores por si aún se les cae la cara de vergüenza por la masacre que perpetraron contra Castilla en los 80 del siglo XX, por orden de la plutocracia que manda sobre España, y de sus partidos transmisores de sus órdenes, que entonces y siempre han practicado, en los últimos doscientos años.

 

Miren ustedes, señores y señoras cleptócratas y vendepatrias por un puesto de salida en las listas de los partidos cleptocráticos que previamente habían vendido a Castilla a los partidos plutócratas periféricos que querían eliminarla y quitarla de en medio para que su grandeza real y cultural no hiciera sombra a sus grandezas nunca existentes e inventadas pero magnificadas por sus órganos de difusión menteca(p)tatorios de los incautos que se dejen captar por sus bulos absolutos, nítidos y claros, pero millones de veces mentaca(p)tados a todos los que estamos por debajo de esos poderes…

 

La pregunta no es cuál es la región de Arriaca…

 

La pregunta es: ¿por qué habéis robado también Castilla, señores y señoras cleptócratas, del puesto esencialísimo que le corresponde en el presente, y en el ayer de España, y que volverá a tener en su mañana, en cuanto dejéis de apretar su cuello para invisibililizarla y atenazarla como hoy la tenéis, damas y caballeros, señorías todas, de la cleptocracia política sobre España…?

 

 

Una vez que el Relato final del Epílogo último de la historia narrativa de “La Canónica” hubo terminado, se hizo una luz oscura en el conjunto de la narración que advertía que la crónica de Arriaca en los tiempos referidos en estas páginas quizá hubiera llegado a su fin.

 

Pero la luminiscencia gris que aún mantenía esta curiosa composición también podía estar significando que esta parábola de símbolos y semánticas diversas pudiera no haber concluido aún.

 

Y en efecto, la luminiscencia leve que aún rutilaba intermitentemente al fondo de la fábula comenzó a crecer en ardentía hasta el punto de que progresivamente empezó a divisarse un país de países diversos que ante nuestros ojos se organizaba y poblaba de accidentes geográficos, caseríos breves, municipios, pueblos negros de pizarra constructiva, a lo lejos bajo de altas montañas que llaman la Sierra de Guadalajara y la Sierra de Madrid, que en definitiva son la misma Sierra carpetovétonica, en esta su parte sur carpetana, y luego descendiendo desde sus cumbres blancas multitud de arroyos, torrentes, regueros, regatos, riachuelo y ríos decadentes hacia el meridión de la lejana visible sierra.

 

Los cursos de agua fluían en dirección norte sur atraídos todos por algún imán seductor que les llamaba para que se lanzasen a abruptas escarpaduras, inclinaciones suaves y pendientes intermedias para acudir al embrujo de alguien que les nominaba gustosa y tentadoramente desde más abajo, y les incitaba paladeando sus nombres con la fruición del enamorado:

 

-Avanza, río Sorbe, el que nace en Campisábalos.

 

-Ven tú, Río Bornoba, en la Sierra del Alto rey nato.

 

-Adelante, adelante, románico Cañamares, desembocarás en mí pasado Jadraque.

 

-Bienvenido, Río Salado, que ya desde las estribaciones de Sierra Ministra vienes por la sal prefigurado.

 

-Enhorabuena llegas, río Dulce, por el Parque Natural del Dulce tan frescamente adornado.

 

-Ah, río Jaramilla, al que veo descolgándose de altas cumbres para ir a desembocar en el serrano río Jarama discurriendo ambos aún por la provincia de Guadalajara.

 

Y todos los demás que venís a mí desde el norte o desde le sur, soy yo el río Henares, el Faenarius río del heno, que nombraron los romanos quien os llama, hasta aquí hasta esta ciudad de Arriaca situada en un valle inclinado de la profunda Carpetania…

 

* * * * *

 

Después de esta invocación a los ríos afluentes formulada por el Faenarius henariego, otros mesnadas bélicas afluían hacia Guadalfaxara.

 

Exclamó una voz::

 

«A osadas corred Fita ayuso e por Guadalfaxara,

 fata Alcalá lleguen las algaras».

 

Cantar de Mío Cid. Versos 445-455.

 

“Con osadía cabalgad Hita abajo y por Guadalajara,

hasta Alcalá lleguen las mesnadas”.

 

Ante esta invocación el espacio de la comarca henariega a la altura de Arriaca comenzó a vivificarse.

 

La extensión de terreno que se divisaba desde las dos montañas centinelas que abren el paso a la comarca de la Campiña del Henares viniendo desde las alturas de la comarca de la Alcarria, esto es, el Pico del Águila y la Peña Alcarria eran dos heraldos de la grandeza que iba a abrirse ante los ojos de quienes vinieran por la A-2 o E-90 o autovía del Nordeste, la antigua N-II antes de que la carretera Madrid-Barcelona se desdoblase en los dos sentidos actuales.

 

Traspasados los dos heraldos montuosos que ejercían la custodia y salvaguardia de la región, la Campiña del Henares entera se divisaba desde esa Puerta de la Campiña Henariega.

 

Cualquiera de ambas cumbres, pico agudo el primero, peña achatada la que en realidad era alta meseta de la primera alcarria, permitían divisar un infinito paisaje regado por el Henares donde en primer lugar se avistaba la ciudad de Guadalajara, creciente y floreciente, ampliándose en viviendas, zonas industriales y nuevas instalaciones logísticas para el transporte de mercancías por todo el centro de España.

 

Los pueblos-ciudad del Corredor del Henares y a media distancia se divisaba la Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Alcalá de Henares, con su patrimonio arquitectónico y la primera universidad moderna planificada como tal, el centro económico, comercial, universitario, hospitalario y desde luego cervantino del Henares medio y de todo el valle del Henares en definitiva. Una ciudad y un área metropolitana que experimentaba un crecimiento continuo gracias a su cercanía a Madrid y a su atractivo económico.

 

Más al fondo, pero también muy próxima para la vista, la villa de Madrid, cuyas cuatro torres más significativas se veían de inmediato, nada más entrar en la comarca de la Campiña del Henares, por entre los dos heraldo montaraces que la anunciaban. Y que desde luego desde cualquiera de estas dos cumbres era una ciudad visible en su integridad, casi al alcance de la mano en apariencia y no solamente al alcance total de su vista.

 

¿Cuál es la región de Arriaca, señorías políticas, me preguntáis…? ¿Cuál ha de ser si ambas ciudades del Henares y la villa de Madrid están unidas ya por viviendas o fábricas formando una conurbación residencial, industrial, comercial y de afectos totalmente indivisibles, circunstancia acrecentada porque gran parte de la población más autóctona de Arriaca ha nacido en los hospitales de Madrid, dada la consuetudinaria mala infraestructura hospitalaria con que castigáis a Arriaca?

 

La misma que os dijeron que era la región propia de Guadalajara cuando se constituyeron las actuales autonomías sin oír las demandas de los castellanos ni de los arriacenses, según manifestaban todas las encuestas y toda la prensa y manifas públicas de la gente y habrían demostrado las votaciones si hubierais dejado votar a Arriaca y a Castilla libremente sobre su futuro autonómico, pero para eso habríais tenido que creer de verdad en la democracia?

 

¿Qué cual es la región de Arriaca, señores cleptocratas…? Lean ustedes los párrafos anteriores por si aún se les cae la cara de vergüenza por la masacre que perpetraron contra Castilla en los 80 del siglo XX, por orden de la plutocracia que manda sobre España, y de sus partidos transmisores de sus órdenes, que entonces y siempre han practicado, en los últimos doscientos años.

 

Miren ustedes, señores y señoras cleptócratas y vendepatrias por un puesto de salida en las listas de los partidos cleptocráticos que previamente habían vendido a Castilla a los partidos plutócratas periféricos que querían eliminarla y quitarla de en medio para que su grandeza real y cultural no hiciera sombra a sus grandezas nunca existentes e inventadas pero magnificadas por sus órganos de difusión menteca(p)tatorios de los incautos que se dejen captar por sus bulos absolutos, nítidos y claros, pero millones de veces mentaca(p)tados a todos los que estamos por debajo de esos poderes…

 

La pregunta no es cuál es la región de Arriaca…

 

La pregunta es: ¿por qué habéis robado también Castilla, señores y señoras cleptócratas, del puesto esencialísimo que le corresponde en el presente, y en el ayer de España, y que volverá a tener en su mañana, en cuanto dejéis de apretar su cuello para invisibililizarla y atenazarla como hoy la tenéis, damas y caballeros, señorías todas, de la cleptocracia política sobre España…?

 

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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