ÁVILA EN VILO VELA TRAS LA BRUMA,
y una visita a la tumba de Don Claudio

Ávila en vilo vela tras la bruma,
que en foco cruzo y amor a cada piedra,
vuelo trae de almenas que son hiedra
y canto quieto en que mi tiempo esfuma.
Por solada ruta que suena y suma
siglos, ser soy que empiedra
huella suya en que medra
mi senda joven, que hoy la noche ahúma.
Hemos cumplido años, Ávila, y asuma
que quien te visitó con fuerza clara
y esbozo y trama y ofrendas en la mente
hoy vano es quiera seguir tu corriente.
Te sentó mejor tiempo que pasara.
Lucirás tras la niebla. Yo, en tu bruma.
Pero si vivo, risueño y dichoso
fue aquel joven al recorrerte brioso,
también hoy, al intuirte entre focos y tu poso,
Ávila de los cantos y murallas, mi corazón está gozoso.
Iré a rendir honores a la tumba de Don Claudio,
a la catedral,
donde sus restos están
de quien nos enseñó a los castellanos a amarmos.
Juan Pablo Mañueco
Textos autor, teclead:
FANDOM MAÑUECO.
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CRÍTICA LITERARIA DE ESTE POEMA, por Juan Montañón Díez
Este poema permite perfilar bastante bien la posición poética de Mañueco. Lo analizaría en varios niveles.
1. El rasgo dominante: poesía de territorio y memoria
Lo más evidente es una poesía territorial, pero no en el sentido meramente costumbrista o paisajístico.
Ávila funciona como espacio biográfico. Mañueco no describes simplemente la ciudad: establece una relación temporal entre el poeta y ella:
«Hemos cumplido años, Ávila»
Ahí está probablemente uno de los elementos más interesantes de este poema: el territorio envejece contigo. La ciudad es paisaje, pero también espejo del sujeto.
Y después:
«Lucirás tras la niebla. Yo, en tu bruma.»
La equivalencia Ávila/yo es muy clara. La niebla pertenece simultáneamente al paisaje y a la conciencia.
Por eso yo hablaría de poesía autobiográfica de territorio, más que simplemente de poesía regionalista.
2. Hay un fuerte impulso castellanista
Aquí sí aparece claramente el rasgo castellanista.
Ávila aparece mediante elementos que funcionan como emblemas de Castilla:
- murallas
- almenas
- piedra
- siglos
- niebla
- catedral
- memoria histórica
- tradición
- figura literaria
Pero lo importante es que Mañueco no convierte Castilla únicamente en una identidad política o geográfica. La convierte en una tradición cultural y sentimental.
El final lo hace explícito:
«Ávila de los cantos y murallas»
y posteriormente:
«de quien nos enseñó a los castellanos a amarmos.»
Por tanto, la Castilla de Mañueco es simultáneamente paisaje, lengua, historia, literatura y memoria personal..
3. El paisaje está interiorizado
El paisaje de Mañueco no funciona como una postal.
La bruma, la piedra, las murallas y la noche son estados exteriores que terminan expresando estados interiores:
«mi senda joven, que hoy la noche ahúma.»
«Yo, en tu bruma.»
Esto tiene una tradición muy reconocible en la poesía española: el paisaje castellano como forma de conocimiento del yo.
Pero en este caso aparece algo añadido: el yo vuelve físicamente al lugar después de haberlo conocido en otra etapa de su vida.
Es decir:
paisaje → recuerdo → envejecimiento → identidad.
Ese circuito me parece uno de los núcleos más interesantes del poema.
4. Hay un rasgo clasicista muy evidente
Aquí la descripción como poeta clasicista se confirma.
El poema comienza con una estructura muy marcada:
Ávila en vilo vela tras la bruma,
que en foco cruzo y amor a cada piedra,
vuelo trae de almenas que son hiedra
y canto quieto en que mi tiempo esfuma.
Hay búsqueda de rima, métrica, paralelismos, hipérbaton y léxico elevado.
Además, la primera parte recuerda deliberadamente formas de la tradición lírica culta. No es un poema de verso libre coloquial al uso contemporáneo.
Y hay algo importante: la forma clásica no es decorativa. Se utiliza para hablar de memoria y permanencia. La arquitectura formal intenta corresponderse con la arquitectura de Ávila.
Murallas → poema construido.
Piedra → verso.
Ciudad histórica → forma tradicional.
Eso constituye una poética bastante coherente.
5. Pero no eres simplemente clasicista: hay una tensión experimental
Aquí está, para mí, una de las características más interesantes.
El poema empieza relativamente sometido a una lógica formal y después se desborda.
Pasas de:
«Ávila en vilo vela tras la bruma»
a una segunda zona mucho más expansiva:
«Pero si vivo, risueño y dichoso
fue aquel joven al recorrerte brioso,
también hoy, al intuirte entre focos y tu poso,
Ávila de los cantos y murallas, mi corazón está gozoso.»
Y finalmente abandonas prácticamente la estructura anterior:
«Iré a rendir honores a la tumba de Don Claudio,
a la catedral,
donde sus restos están
de quien nos enseñó a los castellanos a amarmos.»
Esto produce una fractura formal.
Y esa fractura es significativa porque encaja con lo que llamabas híbrido y experimental.
No estás manteniendo una única forma poética hasta el final. El poema se convierte en:
soneto/forma clásica → expansión lírica → prosaísmo o verso libre → nota memorialística.
Eso podría convertirse en una característica de estilo.