El Miercoles 27 de Junio, los periodistas venezolanos marcharan para reclamar libertad de expresión.
Debemos definitivamente revisar nuestra brújula y re-direccionar nuestro camino.
Censura o regulación
En medio de la incertidumbre que causa el temor de perder el puesto, o las eventuales injerencias de funcionarios del gobierno, como razones que impiden el libre ejercicio de informar, una gran cantidad de periodistas consultados prefieren ante una inevitable censura, un código de ética del medio o la propia autorregulación. Claro está la desventaja en este caso, fue sin lugar a dudas para el sector del Gobierno, pues la mayoría de los medios de comunicación eran contrarios a la manera de actuar del Presidente de la República. Hoy día la realidad de una u otra manera se ha transformado y de algún modo el gobierno tiene, con o sin quererlo (voy a darles el beneficio de la duda) control o parcialización de la mayoría de los medios. Cuando oigo hablar a algún dirigente chavista me asombra como manipula esta realidad y hablan de un 80% en contra. Por ejemplo empresas como Venevisión, Televen, Telesur, Vive TV, CMT, Asamblea Nacional Tv, entre otras,(no incluyo Venezolana de Televisión que como canal del Estado, ha pasado a ser el canal del Gobierno) todas con cobertura nacional son controladas o manejan un discurso cuya objetividad radica en no hablar o no permitir críticas contra el gobierno. A nivel de la radio, algunos circuitos poderosos se han dedicado solo a difundir música y noticias “suaves”, sin profundizar en los problemas de competencia del Gobierno Nacional.
A nivel de la provincia ha ocurrido lo mismo y canales que otrora eran oposicionistas a ultranza, hoy sufrieron una metamorfosis merced a la amenaza de quitarles la concesión. En estos canales hay dos programas en manos de periodistas de la oposición y diez en manos del oficialismo. El gobierno nunca ha fomentado el equilibrio sino que por el contrario buscan la mayoría y en el mejor de los casos se alegran con la autocensura o mejor dicho un canal que se dedique a música, comiquitas o dibujos animados, documentales científicos, ese es un excelente canal que defiende los valores del socialismo del siglo XXI.
Esta idea se ratifica más adelante al preguntarse de manera directa si al interior del medio se aplica la autorregulación, puesto que la gran mayoría de los profesionales de la comunicación social consideró que sí y además atribuyó el hecho a la convicción propia y la responsabilidad profesional.
En una eventual autorregulación son otros los criterios prevalecientes ante la necesidad de restringir información para conocimiento de la opinión pública. Los propios hechos y no otro asunto, provenientes de la compleja realidad social, son los que deben conducir al comunicador a que en su criterio profesional, decida (autorregularse) por lo que es pertinente y legítimo comunicar de manera abierta y libre para el propio beneficio colectivo (interés público) y no las veladas amenazas encubiertas en autocensura o, enmarcadas en decisiones gubernamentales con la excusa de proteger el interés público. Así lo entiende la mayoría de los que viven del Periodismo, al referirse a la libertad de prensa y el derecho a una Información oportuna y veraz, frente a la iniciativa de la comisión Nacional de Televisión (CONATEL) propuesta en el año 2004, en relación con controlar las informaciones y los hechos reflejados por los medios de comunicación a través de la llamada ley Resorte.
La regulación no hará otra cosa que permitir la escogencia libre y equilibrada de asuntos noticiosos, los cuales no siempre harán parte de lo contingente y espectacular como únicos elementos determinantes en la noticia común, y que precede corrientemente la divulgación noticiosa si se trata de niveles de sintonía y raiting.
Por eso es de gran importancia la presencia de unos códigos de ética para cada medio que sirva de guía a los criterios de regulación. Y aunque un número alto de encuestados reconoce que no lo tiene o no lo conoce, el resto le da toda vigencia al mismo.
Rutinas Periodísticas.
Un asunto de gran importancia para el futuro es el que tiene que ver con su credibilidad social. Más de la mitad de los entrevistados, cree que sí hay credibilidad en las informaciones que ellos emiten de la Venezuela actual. Esto en parte se puede explicar por el tiempo dedicado a la gran difusión de este tipo de noticias en los medios masivos de comunicación. Para muchos comunicadores, quizás el tiempo dedicado puede traducirse en credibilidad, por eso es necesario hacer algunas aclaraciones.
En Venezuela pocas personas ponen en duda la cantidad de tiempo que se destina en los medios para hablar de la Venezuela actual. A manera de ejemplo, tan sólo en un día, un viernes creo u otro día y ante la posibilidad de ruptura de las relaciones entre Venezuela y México, los noticieros televisivos ocuparon más del 65% de sus emisiones del día a revelar detalles de lo que acontecía minuto a minuto en cada uno de los escenarios. Esto se repite en otros hechos similares o no.
Incluso uno de los noticieros en sus principales emisiones, contó siempre con la presencia de uno o varios analistas expertos en el tema, quienes desde el estudio y en directo, trataron de resolver las preguntas de los presentadores quienes por espacio de 50 minutos hablaron de los posibles escenarios de un enfrentamiento o ruptura total de relaciones. Por eso afirmar que los medios no informan sobre lo que ocurre, pueda resultar un tanto ligero. Lo hacen y con vehemencia, hasta el punto de dejar la sensación en la opinión pública de que lo hacen demasiado. Sobre todo cuando se trata de mostrar a un “Estado” “Torpe”, “intolerante” y con visibles muestras de ir hacia un “comunismo”. Aunque ellos lo nieguen señalando que muestran los hechos tal y como ocurre y no que acusan sentimientos, tal y como lo sienten. Cualquier parecido con la campaña desplegada en torno al Viaducto es pura coincidencia.
Otro asunto es el cómo están informando. El ciudadano corriente recibe extensa información sobre las acciones del sector político contrario al Gobierno. El trasfondo es diferenciar que tipo de información se genera sobre el tema y cómo la opinión pública, le califica y cualifica el hecho en sí mismo a partir precisamente, de la información suministrada por los medios de comunicación.
Esa es la naturaleza de lo social de los medios de comunicación. Su mérito y la vez, su mayor responsabilidad. De ahí que se insista en la re-valuación del concepto tradicional de lo noticioso como algo llamativo y efímero. No se puede elaborar contenidos informativos del tipo «emitir para olvidar», como tradicionalmente se ha hecho, porque tal vez pueda causarse un efecto contrario, el efecto «bumerang», al que se refería en días pasados el periodista serbio Zlatko Dizdarevic, porque afectan la credibilidad de muchos periodistas que de manera sincera trabajan para informar profesionalmente. La noticia es “la muerte de uno o más pacientes venezolanos en Cuba” y no las miles de malas praxis médica que ocurren en Venezuela con muertos o lesiones con daños irreparables en algunos casos (ver casos de las operaciones que realizan cirujanos plásticos Venezolanos y sus consecuencias estéticas). Se le resta valor a la verdad imperante, que a mi juicio no se busca, por el efecto explosivo de la verdad que quiero mostrar si se puede decir de alguna manera. En la Escuela de Comunicación Social, de cualesquier Universidad, suelen decir: “La noticia no es, que el perro muerda al hombre (que es lo que más ocurre) sino aquella de la que “un hombre furioso mordió al perro”.
Esto explica a su vez las opiniones divididas ante la pregunta del efecto producido por el ejercicio del periodismo frente a la misma libertad de expresión, como valor fundamental de la libertad de prensa. Mientras que hay un considerable sector que reconoce que se ha fortalecido la práctica periodística, otro porcentaje igual o ligeramente superior cree que se ha debilitado y un mínimo grupo cree que no ha ocurrido nada.