Thriller angustioso, que roza el pánico, y que mantiene el interés hasta el magnífico e inesperado punto final. Prisionersos es una película para cortarse las venas, con psicópatas que tienen más problemas mentales que todos los personajes de las tramas de Hitchcock juntos.
Las interpretaciones son brillantes, especialmente el inspector de policía Jake Gyllenhaal, que tiene una actuación soberbia resolviendo las múltiples pistas, y Hugh Jackman, el padre torturado de una de las niñas desaparecidas, que busca en la venganza personal la salida a un callejón tremendamente oscuro, casi negro, tomándose la justicia por su mano y sumergiéndose en una doble vida destructiva y estresante que va machacando su cerebro lentamente pero sin cesar.
La dirección de Denis Villenueve es impresionante, sensible, contundente, sobria y misteriosa, sin efectos ni estridencias fuera de tono que hubiesen arruinado la credibilidad del film. Pero lo mejor es el complejo y majestuoso guión de Aaron Guzikowski, que va salpicando de tensión y sorpresas todo el largo, sin saber nunca dónde está la auténtica verdad, girando sobre historias paralelas que no se sabe si se juntan en algún punto de la trama.
Es difícil de seguir, como te pierdas un dato puede que no recuperes el hilo nunca más, lo que hace todavía más interesante el contenido, que está cargado de revelaciones inesperadas que a veces rayan con la locura.
La estética tiene un cierto halo poético y la manera creativa de narrar los acontecimientos es muy diferente a los típicos thrillers americanos. Todo ello dentro de una atmósfera perturbadora que llega a lo más profundo de nuestra inconsciencia.
Los personajes son a veces comprensivos y hasta dulces, pero otras se vuelven crueles y malditos ante la desesperación más grande que pueda existir: la desaparición de tu propia hija.
En definitiva es una película muy interesante, bien hecha y actuada, que te mantiene pegado a la butaca durante los 153 minutos de duración. Sinceramente, para no perderse.