Hugo Orlando Gatti, más conocido como el Loco Gatti, es un portero argentino considerado entre los mejores de la historia del fútbol mundial.
Todas las semanas aparece en el programa deportivo Punto Pelota, donde nos hace reír con su arrolladora personalidad y su abierto sentido del humor. Para mi es como un filósofo optimista que tiene una manera maravillosa de ver y sentir la vida, y eso es lo que nos transmite cada vez que viene al plató.
Entra en el estudio vacilando a los camarógrafos, metiéndose con Irene Junquera y abrazando a los contertulios futbolistas, que son, según él, los únicos que saben de verdad de este deporte de masas.
Hace y dice lo que le da la gana, sobre todo por ser un veterano que roza los setenta años y está ya por encima de todo. Son famosos sus cánticos futboleros, de una calidad similar a los de Hermel, y su amor por Florentino, al que ensalza saltando en medio del césped en cuanto puede.
No se corta en decir que el fútbol es un deporte de hombres y que no le gusta el de mujeres. Se pasa el programa atusándose el pelo y volviéndoselo a despeinar, a pesar de no ser precisamente un adonis, pero el se cree Brad Pitt y punto.
Otro golpe magistral es cuando les pide a los tertulianos que le chuten al pecho, demostrando que está en perfectas condiciones físicas y que tiene unas costillas de acero, y un corazón más grande que el estadio de Maracaná.
A mi me hecha la bronca cuando no pincho la cámara del que habla, siguiendo los pasos de Pedrerol, al que hace reír constantemente. ¡Pecker pínchame, que no tienes ni idea!, me dice con los ojos encendidos y una muesca en la boca, como si fuese La Gioconda Argentina.
Recuerdo dos secuencias inolvidables de su paso por Punto Pelota: el round de boxeo que se marcó con Maravilla Martínez, recordando a su ídolo Cassius Clay; y una Maratón Real Madrid-Barça donde descansaba al sol como un lagarto en medio del Bernabéu y, cuando vio el objetivo de la cámara acercándose, se subió la playera hasta el cuello mostrando un cuerpo fibroso, tostadito y nada envejecido. ¡Todo un espectáculo!