Este finde he saboreado de puros ritmos latinos con las bachatas sinuosas de Romeo Santos, «The King», que desde el primer momento nos encandiló a todos, especialmente a las jovencitas que se sabían al dedillo sus canciones y gritaban como locas cada vez que movía insinuante sus caderas. Y es que la carga sexual de Romeo empezaba en cada prólogo que insertaba antes de sus canciones y seguía hasta la última nota.
La plaza de toros de Las Ventas de Madrid estaba a rebosar y desde la arena a la andanada movíamos apretados nuestros cuerpos disfrutando del megaespectáculo sin parar, pero tuvo un gran fallo: la realización de los vídeos que salían en las pantallas. Parece mentira que en un evento de tales características se deje de lado lo que salía tanto en la pantalla central como en las laterales. La imagen fue un plano medio de Romeo y poco más. Y en la enorme pantalla central también se emitían imágenes ochenteras más propias del Ballet Zoom, de la época de Lazarov, que de un rey latino como Romeo, que debería preocuparse por proyectar vídeos bien hechos, elegantes, dulces y embriagadores, como las letras de sus conocidas canciones.
La verdad es que mi chica y yo bailamos sin parar y poco nos importaban los vídeos, pero me daba pena ver que Romeo hablaba a fans que no salían en imagen, contoneaba su cuerpo entero y seguían con el mismo tamaño de plano, agarraba el pie de micro como si fuese su hembra, restregando su sexo, con un micro dorado, una cruz en medio del pie y una corona en la base y otra vez con el plano medio sin enterarse de nada. Incluso cantaban otros artistas y no se les veía en las pantallas hasta pasado un buen rato.
La realización a ritmo de música sencillamente no existió. Se pinchaban cámaras sin ton ni son, como si fuese un discurso político o una tertulia coñazo, de las que nos machacan el cerebro cada noche. En un concierto hay que ensayar previamente, ir con ganas y que todo el equipo se sepa las canciones, dar tamaños de planos diferentes de todos los artistas y pincharlos en su momento, aunque está claro que la estrella es Romeo, pero incluido todo su cuerpo, no sólo el pecho. También es importante enfocar al público de vez en cuando porque le da un ambiente especial a los directos de los conciertos de música. Y como vídeos de apoyo no puedes poner esas horteradas tan pasadas de moda, con corazoncitos rosas volando o gotitas de lluvia cayendo lentamente sobre un charco.
Al final todos contentos, porque desde la primera hasta la última canción del concierto, «Obsesión», hizo que aquella noche fuese mágica e inolvidable, pero con una buena realización hubiese sido perfecta y Romeo, el «Rey de la Bachata», se lo merece, y sus fanáticos también. ¡Viva la música latina!