Parece mentira que una superproducción de este calibre, con un reparto capitaneado nada menos que por Michael Fassbender, se despreocupe de hacer un guión interesante con una trama coherente y un ritmo adecuado.
El contenido es un auténtico caos, donde el espectador no llega a entender la confusión constante de las diferentes escenas y por eso se hace lenta y tediosa.
Otro ejemplo más de que invertir solo en la técnica no sirve de nada si no hay un guión inteligente de base, aunque la dirección de Justin Kurzel es espectacular y es lo único que salva esta película basada en un exitoso videojuego.
2 **