Con el subtítulo de «El hombre que lo conseguía todo», este film irregular busca hacer interesante a un personaje peculiar, interpretado por un Richard Gere sin demasiada chispa, pero no consigue prácticamente nada.
Aunque es curioso ver cómo Norman Oppenheimer crea una complicada telaraña basada en el tráfico de influencias, es una historia con demasiadas carambolas increíbles que no te llegas a creer en ningún momento.
Tampoco es especialmente brillante la dirección de Joseph Cedar.
2 **