Disfruto cuando realizo un programa y todo fluye: el ritmo, el tempo, las sensaciones… Y eso es lo que ocurre en “Nuestra Vida en la Borgoña”. Sientes que transmite las emociones de una manera agradable y te hace sentir bien, aunque el contenido sea a veces triste y frío.
El director, Cédric Klapisch, aprieta en los momentos intensos y te hace disfrutar de la paz calmada de la naturaleza cuando maduran las mejores uvas de la viña y de la película. Excepcional el arranque del paisaje en las cuatro estaciones.
Lo importante no es saber el último sabor afrutado de la añada, sino sentir que esa tierra es tuya y de los de tu sangre, y pelear por ella.
Merece la pena que brindemos, copas de vino en alto, por este film tan sensible y poético.
3 ★★★