Ayer asistí a la manifestación convocada por el PP contra la decisión del Gobierno de conceder la prisión atenuada a De Juana. No fui porque la convocara el PP. Acudí porque entiendo que la decisión de Zapatero significó, simple y llanamente, la primera cesión de un Gobierno democrático ante los terroristas de ETA. Leyendo, viendo y oyendo hoy las distintas visiones de mucha gente que, sin asistir a la misma, trata de hacer ver a la sociedad cómo fue la marcha, yo me limitaré a contar lo que vi. Ante todo, considero que fue una respuesta clara y contundente de muchísima gente (no entro en guerras de cifras, pero había una masa impresionante) que, sencillamente, no aguanta más lo que está pasando en nuestro país. Fui testigo de una fiesta de la democracia, siendo una marcha alegre y sin crispación, por mucho que ciertos medios reflejen las declaraciones de algún exaltado con muy pobres argumentos.
Pero por encima de todo, lo que más me llamó la atención, fue la puesta en escena de cientos y cientos de miles de banderas de España. De nuestra España, la España constitucional y democrática. Lo siento por todos aquellos que trataban de discernir, en pleno mar de enseñas nacionales, alguna preconstitucional y así mostrarla hoy como la imagen de una manifestación de la ultraderecha nostálgica. Puede parecer una broma esto que digo, sobretodo para los que ayer marcharon por Madrid. Pero no lo es para los millones de personas que no están excesivamente informados de la actualidad diaria.
Conozco muchísima gente que no lee ningún periódico ni escucha ninguna emisora de radio. Sólo se informa viendo, por ejemplo, el telediario del mediodía. Si a esas personas les muestran un resumen de la marcha de un minuto, en el que aparece alguna bandera preconstitucional o un manifestante exaltado, la imagen que recibirá de la misma será muy clara y definida. Será una visión alejada de la realidad, manipulada o intoxicada, pero es la imagen que guardará de la misma. Y eso es lo que importa a la hora de crear estados de opinión.
Lo que yo vi, en definitiva, fue una explosión de orgullo patrio. Considero que no se valora suficiente un aspecto sociológico tan importante. No es casual que ayer todo el mundo portara ilusionado su bandera de España (traída de casa, no distribuida por la organización), ni que se emocionara con el himno nacional. Como tampoco es normal que cuando la izquierda sale a la calle prescinda radicalmente de la enseña nacional. Algo está pasando y nadie le concede suficiente importancia. Yo creo que es un elemento muy sintomático que ayuda a explicar porqué la sociedad española está cada vez más dividida. Los símbolos son muy importantes. Su uso o desuso, por parte de grandes sectores de una sociedad, implica algo profundo, subterráneo.
Sinceramente, yo no creo que la izquierda, como muchos dicen, sea antiespañola ni que carezca de sentido nacional. Lo que pasa es que aún arrastramos un complejo proveniente del Franquismo. Un Régimen dictatorial que hizo de su españolismo una de sus banderas esenciales, junto a la defensa de la fe católica. Por ello hoy son muchos los que identifican ambos principios con ser un “facha”. Pues yo soy católico y me siento muy orgulloso de ser español. Pero no menos que de vivir en un país en democracia y en libertad. El día en que todos seamos plenamente conscientes de que Franco murió hace más de treinta años, y de que no nos tiene que condicionar en nuestro presente, los españoles nos desharemos de muchos prejuicios y cadenas que aún nos atan.
