En medio de la vorágine informativa de estos días, con noticias como la agresión de un cargo público del PNV al abogado del Foro de Ermua o la inscripción en el registro electoral de Abertzale Batasuna Socialista, la nueva trampa de Batasuna (¿qué hará usted ahora, señor Zapatero?), me sorprende ver cómo ha pasado de rondón un hecho que considero gravísimo. Éste no es otro sino el desprecio de ERC a los miembros con los que está asociada en el Gobierno de la Generalitat de Cataluña. ¿A nadie le llama la atención que, después de tan sólo cuatro meses de gobern d´esquerres, ERC proponga a CIU formar un ejecutivo en coalición si se atiene a su propuesta de convocar un referéndum de autodeterminación? Más que eso, ¿dónde está la dignidad del PSC e ICV? ¿Les da igual que su socio de gobierno les desprecie públicamente y ofrezca llevar a la presidencia de la Generalitat a Arthur Mas? Montilla y Saura están afrontando un precio muy alto por permanecer en el poder: el de la falta de vergüenza.
Sencillamente me parece increíble que respondan con el absoluto silencio ante tamaña traición. Porque no se puede llamar de otro modo a lo que ha hecho el partido del señor Carod Rovira. Que por cierto, tras la dubitativa respuesta de CIU (entre el desconcierto y la falta de confianza), ahora dice que no, que como no les han tomado en serio, ahora se quedarán tal como están. Esto es, en el “gobierno de izquierdas” junto a sus “verdaderos” compañeros PSC e ICV. Por supuesto, Montilla y Saura les recibirán con los brazos abiertos. Como mucho, como si fuera un niño que ha roto un plato, le dirán a Carod: “Josep Lluis, Josep Lluis, sé bueno y no vuelvas a dar estos sustos a tus padres”.
Que yo sepa, un gobierno de coalición entre tres partidos políticos, para poder ser mínimamente operante, ha de basarse en la confianza entre todos los miembros que lo conforman. De ahora en adelante, ¿quién les garantiza al PSC y a ICV que ERC no se levantará otro día con el gesto cambiado y volverá a ofrecer romper su alianza para pasar a formar gobierno con otra fuerza política? ¿De verdad que tras verse coronados por una cornamenta de tal envergadura podrán decir aquello de “pelillos a la mar” y “aquí no ha pasado nada”?
Las infidelidades conyugales están a la orden del día, pero desde el punto de vista político no creo que el total de los ciudadanos catalanes se merezcan no saber quién les gobernará mañana. Muchos me acusarán de tremendista, pero en la política, como en el amor, no es lo más conveniente ir de la mano de alguien caprichoso, inestable y con una tendencia tan descarada al flirteo con las amistades peligrosas…
