La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

La sumisión al castrismo de ciertos «intelectuales» presos del dogmatismo

El tirano Fidel Castro acaba de publicar un artículo de opinión en uno de los “multitudinarios” (dentro de la “floreciente diversidad mediática” que se desarrolla en la isla) medios cubanos, el Granma. No voy a hablar de su contenido. Simplemente quería felicitarle por el paso dado, que supone un gran avance en su ya longeva vida. Siempre será mejor que al caduco comandante le dé por escribir que por encerrar en la cárcel a sus opositores. Por lo demás, me permito el lujo de aconsejarle el sentido de su próximo escrito, que podría llevar este título: “Reflexiones sobre la libertad y la democracia reales en Cuba”. Seguro que sería muy loado por su amigo y grandísimo escritor (eso hay que reconocerlo) Gabriel García Márquez. Parecería surrealista, pero no es algo tan alejado de la realidad. Sinceramente, me preocupa la servidumbre de ciertos “intelectuales” (como el escritor colombiano, cuyo caso no es el único) hacia Fidel Castro.

No entiendo cómo muchos en España admiran y tachan de “demócrata”a un dictador, a la vez que aborrecen y proclaman como “fascista” al que fuera presidente de nuestro país, José María Aznar. ¿No será porque Aznar es de derechas y Castro de izquierdas? Este mal lo padece mucha gente y tiene un nombre: dogmatismo. El dogmático es aquel que defiende un credo ideológico hasta caer en la incoherencia si es necesario. No encuentro otro motivo que explique porqué muchos se definen como “antipinochetistas” a la vez que “castristas”.

Cuando yo condeno las dictaduras (todas, absolutamente todas) no es porque sean de izquierdas o de derechas, sino por lo métodos totalitarios que emplean. Muchos me argumentan que son justificables según los fines que persigan. Grave error. Todo régimen, el que sea, alcanza ciertos logros. Así, mientras que el franquismo o el pinochetismo acabaron produciendo un considerable bienestar económico, el castrismo ha extendido la educación a grandes esferas de las clases populares. Yo eso no lo pongo en duda. Es la Historia y ahí está. Lo que sí reitero con firmeza es que esos aparentes éxitos no legitiman en ningún modo un gobierno autoritario y opresivo, y mucho menos le pueden otorgar una capa democrática.

Yo no quiero tener miedo de expresarme, de manifestarme, de pensar… En una dictadura, pertenezca al signo ideológico que sea, se busca que la gente esté amordazada y anestesiada. Que todos adoren al amo y no se quiten el bozal de la boca. Que si encarcelan a tu amigo por pensar diferente, tú tengas que callarte. O criticarle por querer hablar de política. En la España franquista nadie se atrevía a hablar de política. ¿Por qué? Porque implicaba un riesgo real, el de que alguien te acusara de «desafecto al régimen» y fueras condenado, sin más. A mi me gusta discutir y hablar libremente. Aquí mismo, en este espacio, cada uno expresa su opinión sin coacciones. Me gustaría que opinara un cubano que vive en la isla. Pero allí nadie habla. Hay miedo.

¿De verdad los que aquí en España os considerais castristas os iríais a vivir a Cuba? Me gustaría que nos contarais lo que veis, no lo que los demás os cuentan que allí sucede. Si es el paraíso que nos venden ciertos «intelectuales», no entiendo porqué millares de personas arriesgan su vida para huir de allí.

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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