Indudablemente, esta ha sido la Liga de la voluntad, el coraje, la ilusión y la fe. Y también del milagro, porque hay que reconocer que han sido muchos los momentos en estos dos últimos meses en que el Madrid parecía muerto. Ayer mismo, con 0-1 en contra, el Mallorca tuvo una ocasión clarísima para destrozar el corazón de todo el madridismo. Pero sobrevivimos, como ante el Zaragoza, el Espanyol, el Sevilla, el Recreativo… Esta Liga no se podía ganar de otra manera. Había que sufrir a muerte, hasta el final. Con el Barça arrasando en Taragona, con el equipo noqueado, cualquiera hubiera pensado que todo estaba perdido. Cualquiera que no sea madridista, claro.
Porque el madridismo es fe. Es tener la referencia de una historia que nos ha hecho grandes, y tener el ansia de continuarla, de hacerla más y más grande. Es tener mitos, referencias. Nada nos puede hacer más fuertes que tener unos modelos a imitar, tales como Zamora, Camacho, Di Stéfano, Pirri, Goyo Benito, Gento, Kopa, Marquitos, Puskas, Santillana… o Juanito. Porque ayer Juanito bajó del cielo y se hizo negro (¡grande, Diarra!), metiendo el gol de la raza.
Muchos podrán hablar de suerte, pero nosotros sabemos que tantas remontadas en los últimos minutos no son casualidad. Son, simplemente, orgullo, pasión y grandeza. Cuando otros se amilanan, nosotros rugimos y decimos: ¡Somos el Madrid, adelante Real!
Gracias equipo, por la felicidad. Gracias, Roberto Carlos y Beckham, por haber hecho algo más grande a nuestro Real. ¡Ayer, hoy y siempre, hasta la muerte: Real Madrid!
