La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El íntimo Encuentro por la Familia Cristiana

Ayer tuve la oportunidad de asistir al Encuentro por la Familia Cristiana que se celebró en Colón. Fue un momento histórico, excepcional. Sin embargo, no voy a hacer aquí una crónica de lo que sucedió, sino que voy a hablar de la gente anónima que conformó esa marea humana por la fe de Cristo y que no se pudo ver en la televisión. Gracias a un encargo muy especial, pude hablar con muchísima gente. Ancianos, niños, matrimonios… familia. Aquí están sus testimonios:

Florentino y Esmeralda, un matrimonio portugués, fueron los primeros con los que hablé. Acompañados de sus dos hijos, me contaron que venían de Évora “porque creen en Dios”. Así de claro. Y así de genial.

Chari, de Sevilla, también me regaló su palabra. Me contó que pertenece al Camino Neocatecumenal, y más concretamente, a la comunidad de San Antonio María Claret. La verdad es que los “kikos” (conocidos así popularmente por el nombre de su fundador, Kiko Argüello) fueron, con mucha diferencia, la realidad carismática más presente en Colón. Así, cuando habló Kiko Argüello, éste despertó los aplausos más calurosos de la mañana. Sin contar al Papa, claro. Hecho este breve y justo paréntesis, regreso a Chari, que venía junto a su marido y sus dos hijos, además de sus padres. “Y otros 70 miembros de la comunidad”. Me dijo que venía “porque cree en la familia cristiana”. Para ella, “la gran amenaza es el del rabo, el diablo, que es muy malo. Pero aquí estamos nosotros para defender a la familia”. Pura sabiduría popular.

Los siguientes fueron Rubén y Sonsoles, un matrimonio de Móstoles. Ambos tendrían unos 35 años. Venían con su hijo (además, ella está embarazada de otro niño), su sobrino pequeño, sus padres… Era entrañable verlos con sus dos carritos. También eran “kikos” y venían junto a otros 350 fieles de la comunidad de San José obrero, de Móstoles. Cuando hablé con ellos, estaban todos juntos cantando villancicos. Dijeron venir “en respuesta a la llamada de su obispo y para mostrar su rechazo a todas las amenazas contra la familia: aborto, divorcio express, manipulación de embriones…”.

Isabel, de Zamora, fue una de las que más me impresionó. Acompañada de su marido (en silla de ruedas por una enfermedad degenerativa) y sus dos hijos (otro de ellos también en silla de ruedas), habló con el coraje de una madre con mayúsculas: “Vengo porque como miembro de una familia cristiana queremos dar un testimonio de que existe otro modelo de vida diferente al que proclama el mundo. La amenazas son la desunión de la familia, la ausencia de valores. Soy maestra y veo que no hay autoridad. A los padres les importa más el tener que el ser, en todos los ámbitos. Nadie quiere sacrificarse. No se tienen hijos, pero porque se dan preferencia a otras prioridades, como el tener un cochazo o el irse de vacaciones. Hay otras prioridades que no son la familia y eso se nota. No se puede destruir la familia como se está haciendo. Es importantísima, para la sociedad y para todo”. Sencillamente, un aldabonazo en la conciencia. Isabel también era “kika” (venían cinco autobuses de su comunidad zamorana).

Me encantó también hablar con Yuniel y Elena. Y con Tomás y Mariela. Ambos, eran dos matrimonios cubanos, treintañeros. Me dijeron que llevan ya un tiempo viviendo en España. También hablaron claro: “Venimos para celebrar la familia, la base de la sociedad y que hoy está en crisis, por lo que queremos apoyarla. En Cuba, por cuestiones diferentes, la familia también está en crisis. Creemos que es un problema a nivel mundial, ya que en general se han perdido los valores”. Respecto a la situación en España, culparon de la situación al gobierno y a sus leyes. “Educación por la Ciudadanía busca amoldar las conciencias de los niños según el ideario del estado”, comentaron. Preguntados sobre si valía la pena el encuentro, Yuniel dijo: “No sé si servirá de algo, pero en la vida hay que hacer cosas. El que calla otorga y nosotros tenemos que denunciar lo que no nos gusta. Aquí. En España, estamos en democracia y manifestarse es un derecho. En mi país no podemos hacerlo…”.

César y Verónica, matrimonio, con 5 hijos (de 8 años la mayor y 7 meses la pequeña), fueron los siguientes a los que me dirigí. Ambos tenían unos 40 años. También eran “kikos”, provenientes de la comunidad de Santa Rita, de Madrid (venían unos 150 de la comunidad). Hablaron claro: “Venimos porque nos queremos adherir a la llamada de la Iglesia. Las amenazas son muchas, pero la familia cristiana está ahí, en medio de todo. Todo lo que te rodea está en contra de vivir la idea del amor, el perdón, de apertura a la vida, de no buscar la calidad de vida basándose en el consumo… Nosotros buscamos la calidad de vida del amor, en la familia”. Además, se mostraron confiados en las consecuencias del encuentro: “A mucha gente le dará que pensar. No vamos a cambiar ninguna ley, pero mañana, alguno, leyendo los periódicos, se dirá “¿por qué salen las familias a la calle?”. Y con ellos, también, me sucedió la anécdota de la jornada. Mientras hablaba con César, Miriam, su hija mayor, de 8 años, le agarró del abrigo y le preguntó que qué hacía. Tras responderle su padre que respondía a una entrevista, ella sonrió y me miró. Yo, riéndome, le pregunté la razón por la que estaba allí. Su respuesta intuitiva, que me descolocó, fue: “Para escuchar”. Como no lo había grabado, se lo volví a preguntar, pero ella, intimidada ante la grabadora, no sabía que decir. Dio igual. Me quedé con la respuesta ingenua, primeriza, la de la verdad de los niños…

Alberto y Mari Mar, María y Eugenio, eran dos matrimonios jóvenes, veinteañeros, que venían juntos al acto. También eran “kikos”, viniendo de dos parroquias madrileñas. “Queremos decir al mundo que a familia existe, aunque sea atacada”, clamaron. Lo tenían todo muy claro: “El sentido de la vida está dentro de la familia. Las amenazas son el aborto, la separación, el divorcio… Éste puede llevar, en casos extremos, al suicidio y a una cadena perpetua para los hijos, que sufren el fracaso de sus padres y luego ya tienen de por vida reticencias hacia el matrimonio. Es una larga cadena, que se hace cada vez más grande”. Tenían la certeza del éxito de la jornada: “Con que una persona salve una vida destinada al fracaso ya habrá merecido todo la pena”. Así sea.

El de Miriam Vargas, monja franciscana de 55 años, fue otro bello testimonio. Era de Nicaragua, aunque lleva ya dos años viviendo en Madrid. Justificó así su asistencia: “Como Iglesia, lo más importante es apoyar a la familia, el núcleo, la célula básica de la sociedad. Seguimos el modelo de la Sagrada Familia, que hoy celebramos”. En cuanto a los peligros que se encuentra la familia, ella realizó su particular diagnóstico: “Estamos por la vida. Las grandes amenazas son la división de la familia, frente a la que se oponen otras alternativas que no se corresponden con lo que es la verdadera familia. También está el aborto, la destrucción de la vida. Lo más precioso en un hogar es la vida de un niño recién nacido”. También se mostró segura de la utilidad del encuentro: “Servirá de algo porque fortalecerá a la familia. Yo también, con mi congregación, me considero una familia”.

Dani fue quien más me impresionó. Antes era drogadicto y delincuente, pero hoy está casado y tiene 5 hijos. También es “kiko”, viniendo con la parroquia de Santa Sofía, de Alcorcón. “Somos un matrimonio, estamos abiertos a la vida y la defendemos desde el principio hasta su final natural, sin ninguna interrupción artificial. El aborto, por escandaloso, es la principal amenaza contra la familia”, afirmó. Me habló de su matrimonio: “No somos distintos a los demás, salvo en que tenemos en medio de nosotros a Jesucristo y al Espíritu Santo, que existen realmente. Cristo ha vencido a la muerte. La vida eterna existe y yo ya la veo en mi familia, sintiéndola a través del amor, el perdón y la reconciliación. Siempre hay sufrimiento, pero sufrir con Jesús no tiene nada que ver con un sufrimiento sin Él. Su cruz es la mejor carga que se puede llevar”. Y me habló de su anterior vida: “De joven fui delincuente y drogadicto. Me salí de la Iglesia y estuve en la calle siete años, pero luego Ella me volvió a acoger sin ningún tipo de prejuicios, sin preguntarme nada de mi anterior vida. Después conocí a la que al final sería mi mujer. Viví mi noviazgo en castidad y luego, casado, he tenido 5 hijos”. Impresionante. Además, él veía muy claro cuál es el principal peligro para la familia: “Lo malo es que la ley ampara en muchas ocasiones al Mal. Existe una ley natural, que diferencia entre el Bien y el Mal. Muchas veces tú sabes que obras mal, pero como la ley te ampara, te sirve de autoengaño, de justificación”. Criticó cómo a veces es malentendida la Iglesia. Puso como ejemplo a los homosexuales: “La Iglesia acoge a todos, incluidos los homosexuales. Otra cosa es que no puede entender su unión como matrimonio, que es exclusivamente entre hombre y mujer. Lo malo es que muchas veces se juega con las palabras”. Finalizó con unas bellísimas palabras: “Todos estamos llamados a ser luz del mundo. Y mucho más ahora, en tiempos de tantas contradicciones”.

También pude hablar con los más jóvenes, como Celia, Mari Nieves e Isabel, tres niñas malagueñas que habían venido con sus padres y que tenían entre 12 y 16 años. Se mostraron muy joviales y muy contentas de estar en Madrid “apoyando a la familia”. Otros chavales eran Pedro y Jonathan, de 16 y 17 años, respectivamente. Ambos estaban allí en calidad de voluntarios, ayudando a los fieles a situarse. “Somos voluntarios porque nos gusta ayudar a los demás. Y por supuesto, se agradece la simpatía de la gente, que nos trata muy bien, con mucho cariño”. Me dijeron que habían sido voluntarios en su parroquia, “pero nunca en un acontecimiento tan grande”. También hablaron del sentido del encuentro: “Hay que proteger a la familia. El aborto es la gran amenaza contra la familia, porque la destruye. Este encuentro servirá de mucho. Dará más unidad”.

El de Cristina, casada y con 5 hijos, fue otro de los mensajes que más me emocionó. De sus hijos, el mayor tiene síndrome de Down y las pequeñas, de 5 años, son gemelas. Todos estaban allí. “Vengo porque creo en la familia y quiero apoyar a la Iglesia como católica que soy”, afirmó. “Me dan pena tatos abortos y me da pena que niños como mi hijo, con síndrome de Down, no tengan derecho a vivir, cuando son unos niños maravillosos. Espero que los gobernantes se den cuenta de que los cristianos somos muchos y no nos van a quitar de en medio ni modelar a su forma”, concluyó.

Francisco, de 79 años, y Dolores, de 75, eran un matrimonio navarro que está próximo a cumplir sus bodas de oro de casados. Viven en Madrid y tienen cuatro hijos. Dijeron “venir por la familia, por ver a la gente que vive la fe cristiana”. Francisco dijo no ver con buenos ojos el matrimonio homosexual. “Pero lo peor de todo es el aborto, tan cruel, tan criminal. Matar a un chico de estos es lo más horrible que hay. Es aún peor de matar a un anciano de 80 años… como yo”. Y terminó así: “No me gusta cómo está ahora el mundo. No sé si esto valdrá de algo esto. A mí me gustaría, pero ya es cosa de los políticos”. La voz de la experiencia…

Directas y elocuentes fueron las palabras de José Antonio, sacerdote (venía con 300 fieles de su parroquia de San Martín, en Salamanca): “Venimos por la defensa de la familia, atacada con leyes injustificables. Sin la familia, la sociedad se destruye. Las amenazas son muchas: el divorcio express, el aborto, el laicismo, el relativismo… Este encuentro sirve de mucho, aunque sólo sea por estar juntos, por ver a gente que comparte tu misma fe. Y también es un testimonio para el conjunto de España, con toda esta masa humana en pleno centro del país”.

Terminé mi gran experiencia con Pilar y Mariano, un matrimonio alcalaíno muy especial. Para más señas, sólo hay que decir que son los padres de mi amigo y compañero bloggero Ciriaco de Málaga, que me acompañó estoicamente a lo largo de toda la mañana. Pilar dio el último testimonio, el de la sencillez y la verdad: “Somos cristianos y valoramos mucho la familia. La amenazas son la falta de comprensión, la política, la ausencia de principios y valores… El encuentro es una gracia de Dios. El poder estar aquí todos juntos en nombre de Cristo es maravilloso”. Amén.

Aquí quedan las palabras de muchos de los que, a pie de calle, contribuyeron a conformar la gran fiesta de la familia cristiana en Madrid. Todos hablaron de sus convicciones, de su modo de vida, de su fe. Al día siguiente, ninguno de ellos ocupó ninguna portada en la prensa ni encabezó el encabezamiento de ningún telediario. Tal vez sería porque todos los medios estaban muy ocupados en hablar de una “manifestación política”.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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