La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

La huida

A pesar de mi penosa forma física, corría desesperadamente. Cinco mihuras, con astas imponentes, estaban a punto de engancharme… sin terminar de hacerlo en ningún momento. La angustia hacía que mi corazón estuviera a punto de estallar. Jamás pensé que podría correr tanto. Tuvo que ser Rocinante, cabalgado en esta ocasión por el fiel Sancho, el que me recogiera al galope. No miré atrás, pero creo que Don Quijote, cual si fueran molinos de viento, se quedó dialogando con los toros. Espero que estos tuvieran mucho talante…

Cuando Sancho me dejó en mitad del Tíber, no tuve más remedio que seguir nadando a toda prisa. Seguía huyendo, ¿pero de quién? Ni yo mismo lo sabía en ese momento. Hasta que me di la vuelta y los vi: Napoleón y Julio César venían al frente de las Brigadas Internacionales… tras de mí. Corrí y corrí, nadé y nadé, hasta que Moisés abrió las aguas tiberinas justo a mi paso y las cerró al de mis perseguidores. Tras agradecer al profeta su ayuda, aproveché mi estancia en la ciudad eterna para visitar a Juan XXIII y a San Pedro. A continuación, decidí viajar a la India.

En la cuna de la espiritualidad pude bañarme en el Ganges. Allí pude hablar de poesía con Siddharta. La placidez dominaba sobre el momento, pero aún así yo estaba inquieto. No sabía bien la razón, pero al mirar a mi alrededor descubrí el porqué: ¡Estaba en plena batalla de Lepanto! Los dos ejércitos avanzaban al encuentro, respectivamente, del susodicho enemigo. A un lado, los troyanos, encabezados por Cassius Clay, Mortadelo y Mister Jekyll. Al otro, los cirios pintores, liderados por Mohamed Alí, Filemón y Mister Hyde. En medio del cuadrilátero, Siddharta y yo. Blanco como la mortaja de Lenin, me despedí del calvo de mirada benéfica y acudí a Valladolid.

No sabía el porqué, pero estaba en la capital castellana un 16 de marzo de 1984. Mis impulsos me llevaron hasta un hospital. De repente, ahí estabas tú, recién nacida, iluminada en los brazos de tu emocionada madre. En ese instante comprendí que no huía. Te estaba buscando. Quería presenciar el momento del nacimiento de la dueña de mi corazón. Quería ver nacer a mi Mari.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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