La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Malaviadas (III): El día en que le grité ‘¡Gibraltar español!’ al Príncipe de Gales

Fue un 22 de mayo de 2004. Para más señas, el día del enlace real entre el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Doña Leticia Ortiz, periodista y, si ‘El Jueves’ y Carod quieren, futura Reina de España.

La noche anterior había salido de fiesta discotequera con mi gran amigo Arturo. Así, tras una noche de aviesas y aromáticas aventuras, acudí al amanecer a buscar a mi novia Mari, con la que había quedado para ir a ver tan magno acontecimiento. Al llegar a la Plaza de Oriente, una masa amorfa nos recibió exultante. O eso me pareció a mí, claro. Muy animado, fui el primero en querer situarme en una cola que parecía no tener fin. La fila conducía al Patio de Armas del imponente Palacio Real, justo enfrente de la catedral de la Almudena, en la que iba a tener lugar la boda. Sin embargo, dos horas y media después, mi ilusión se convirtió en desfallecimiento y mareo. El no haber dormido en toda la noche, lo admito, pudo haber tenido algo que ver en ello…

Finalmente, me agarré con fe a mi bandera española y miré al infinito… por si me caía en redondo al suelo. Así, sin saber cómo, se hizo el milagro y de repente conseguimos acceder al patio. Me parecía increíble. Cual cine de época, estábamos en las puertas del que iba a ser un día histórico en esta legendaria nación. Pero la ausencia de acontecimientos, el frío y el olor a la lluvia que venía, me hicieron caer de nuevo en el sopor más absoluto. Hasta que la llegada de los primeros invitados me hizo revivir: reyes, princesas, periodistas famosos, políticos de primera línea… la flor y nata de medio mundo desfilaban ante nuestros ilusionados ojos.

De pronto, llegó el momento… y le vi. Carlos de Inglaterra, el hijo de la reina Isabel II, avanzaba, aunque en la lejanía, delante de nosotros. Así, en un impulso racial e ilógico, que no tenía en absoluto preparado, empecé a gritar repetidamente “Carlos, ¡Gibraltar español!, ¡Gibraltar español!”. Al instante, mi Dulcinea siguió el cántico. Y el que estaba al lado, y el de más allá y el vecino de la señora que estaba subido sobre una silla plegable… De repente, sin saber cómo, unas treinta personas mantuvimos el ardoroso cántico: “¡Gibraltar español!, ¡Gibraltar español!”… delante de todo un Príncipe de Gales, heredero de la eterna corona británica que, sonriente (seguramente no entendía nada de lo que le decíamos), saludaba con la mano abierta en nuestra dirección. Lo que tal vez fueron siete u ocho segundos, a mí se me hicieron deliciosamente eternos. Poder reivindicar en la cara el Peñón al que un día será el Rey de los ingleses no tiene precio. Fue, sencillamente, inolvidable…

Después llegó la lluvia, el Diluvio Universal, más bien. Pero aún así nos mantuvimos firmes y tras la ceremonia seguimos por medio Madrid el coche de lujo que portaba a sus altezas. Finalmente, en un trecho de la Gran Vía semivacío, me planté en la valla a esperar a los príncipes. Cuando el coche llegó hasta nuestra altura desplegué mi bandera rojigualda, con el escudo constitucional, y grité un “¡¡¡Felipe, viva España!!!” tan aterrador que el futuro Rey de todos los españoles me miró, en un primer momento, sorprendido. Luego, su reacción fue la de un saludo entrañable y una gran carcajada. Creo que en el fondo sabía que yo había dado el primer paso diplomático para que ya en su reinado recuperemos Gibraltar… o simplemente se rió de mí.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Te puede interesar

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Lo más leído