
Manuel y Sara pasean presurosos de la mano por las calles de Madrid. Están profundamente enamorados, no paran de mirarse, acariciarse, besarse… Llevan sólo unos meses de relación, pero ambos tienen más de 80 años.
Nadie conoce su secreto. Todos piensan que si van tan deprisa a todos lados es porque sus vidas pueden estar ya en su recta final y no quieren dejar escapar ni un solo instante de la que es su última oportunidad, su carrera final hacia la felicidad que está pronta a perderse. Sin embargo, están equivocados. Manuel y Sara no viven en el mismo mundo que el resto de los mortales. Un pacto con Dios les otorgó a los dos la posibilidad de vivir una vida al revés, dirigida hacia el pasado. Así, mientras que los demás nacemos, vivimos y morimos, ellos comenzaron su vida en el último día de su existencia y la extinguirán el día de su nacimiento.
De este modo, frente al resto de amantes del mundo, que desconocen el destino de su historia de amor, ambos saben exactamente el tiempo que les queda por estar juntos. Tras la paz de la vejez, llegará la responsabilidad de la vida adulta, la ilusión de la juventud y, finalmente, la ingenuidad de la infancia. Poco a poco, dejarán de conocerse, de saber el uno del otro… El día de la despedida llegará y sus padres se los llevarán a las distintas ciudades donde vivirán sus primeros-últimos años y al fin nacerán. Cuando ese momento llegue, a la vez que otros ven la luz y lloran sus primeras lágrimas, su vida se habrá acabado.
Pero mientras esto pasa, Manuel y Sara caminan, corren, vuelan, por las calles de Madrid. Aún les quedan varias décadas para amarse, pero ellos saben mejor que nadie que son muy pocas para una verdadera historia de amor.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
