La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Mi Gólgota está apagado. Esta noche es la más oscura de todas las noches

Esta noche es la más oscura de todas. La más triste. Hace unos meses, cuando rezaba en el Huerto de los Olivos y miraba con el corazón en un puño a una silenciosa Jerusalén que latía en la oscuridad, pensaba en cómo sería esta noche de Jueves Santo, estuviera donde estuviera. Nunca la hubiera imaginado así, tan negra. Jamás estuve tan cerca del camino de fe al que lucho por agarrarme desde hace tantos años. En Tierra Santa lo sentí, lo degusté con todos los sentidos. Pero hoy estoy helado. No dejo de mirar a la Cruz. Me duele. Pero estoy más alejado que nunca.

Esta Semana Santa no es para mí. En muchas cosas, lo peor que albergo en mi corazón está saliendo estos días. Sin esperanza, puesto que sé que no obtendré la limpieza profunda que me depuraría en el canto del Resurrexit, en la Pascua que exultará luz auténtica en la vigilia que nace a oscuras. Se hace mucho más difícil entrar en la paz del Triduo Pascual cuando lo presencias y participas en él sabiendo que no coronarás el final de la etapa pudiendo sonreír. Todo es más oscuro cuando estás alejado permaneciendo dentro. Esta noche es la más oscura de todas. Y aún lo es más porque sé que veré la alegría del Resucitado sin poder participar de ella.

En pleno éxito de la hipocresía, sólo a ratos me comporto como un cristiano en los días en que más cerca de todos está el Cristo. En otros ratos, soy peor que el peor de todos. En la pasada Navidad, en la Navidad que tenía que haber sido la más maravillosa de todas por tener fresco el recuerdo de una Belén que pisé y en la que lloré lágrimas de fe, escribí: “Me alejo de la ternura del Niño Dios”. Ahí comenzó la última y gran caída, el caer en el pozo que consume. Hoy, cuando debería estremecerme recordando el Vía Crucis que anduve sobre los pasos de Jesús, la Verónica y el Cireneo, cuando debería llorar al adentrarme en el sueño real que viví en el Gólgota, al pie de la Cruz y cegado ante la luz de vida del Santo Sepulcro, permanezco amargado en las miserias que me apagan.

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Juan Pablo II. Con la de Tierra Santa, fue mi otra gran experiencia de fe. Ese día, en las horas de la agonía, recé bajo un crucifijo que me transmitía serenidad. Hoy he seguido ese mismo madero durante tres horas por la fría calle. Lo he mirado fijamente. Y me he sentido más traidor. Mal homenaje le he dado al que fue mi Papa. Triste ofrenda le he regalado al que me regaló la vida. Vengo de la iglesia. Vengo de la procesión. Vengo del Vía Crucis. No estoy lleno. Me estoy muriendo por dentro.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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