La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Barcelona, mi ciudad de los prodigios: el Papa, Raúl, José Tomás, Sabina y el Rey

Si para el gran Eduardo Mendoza, Barcelona es su ciudad de los prodigios, también va camino de serlo para mí. Cualquiera que me pregunte por las personas que más admiro hoy, sabrá que mi respuesta señala al Papa, a Raúl, a José Tomás, a Sabina y al Rey. Pues bien, en el último año voy camino de relacionarme con la mayoría en la ciudad de Gaudí.

En noviembre tuve el inmenso privilegio de cubrir para Vida Nueva la visita de Benedicto XVI a Barcelona, en lo que fue una experiencia profesional y personal realmente grande. Unos meses después, en abril, acudí a ver a mi Real Madrid de baloncesto jugar, por primera vez en quince años, una Final Four. Perdimos de paliza, pero las emociones vividas ese fin de semana no las olvidaré. Allí estuvo presente el Espíritu Raúl (el del Madrid de toda la vida, y no el imperante y aberrante mourinhismo). El mismo que este año nos hará ganar, al fin, la Copa de Europa. Aquí queda dicho (un saludo a mis fans por parte de Malaviapacus).

Y mañana, previo paso esta noche por la boda de dos de mis mejores amigos (¡un beso en las horas previas a Rocío y Juan Bautista!), de empalme y con buen ánimo, nuevamente a Barcelona. A latir con la ignominia de la abolición de la tauromaquia en Cataluña. Es una fecha histórica, pero por ser de luto. No me importará ser enterrador: allí estarán Juan Mora (con el que toqué el cielo hace un año en Madrid), Serafín Marín (el último pase de pecho será del artista catalán)… y José Tomás. Será la primera vez que vea en directo a quien me hiela la sangre. Me emociono sólo de pensarlo. Va a ser muy grande. Y allí estará, seguro, Sabina. Aunque al poeta cantor ya le he visto en concierto, sería un placer verle en acción, reclamando libertad simplemente con su presencia. Y, ¿por qué no? ¿Se imagina alguien a Sabina saltando al ruedo de espontáneo y echándose unos muletazos profundos por naturales? Si mientras se lo lleva la policía, canta ‘Calle Melancolía’… hasta a Artur Mas se le ablandaría el corazón.

Falta el Rey. Quién sabe. Tal vez le vea mañana de incógnito en la puerta de un bar cercano a la Monumental. Sentado en su moto, chascándose un vinito y un habano bueno… A lo mejor, a su lado está Carlos de Inglaterra firmando la devolución de Gibraltar a cambio de que José Tomás actúe en Londres…

Todo puedo ser. En la ciudad de los prodigios todo puede ser.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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