
Un reciente artículo, en el que defendía el voto para UPyD en las próximas elecciones generales, ha sido respondido por varios conocidos y amigos católicos que me cuestionan sobre si es compatible tal posición con mi fe católica. Y digo que sí. Aunque no es fácil.
Me recuerdan, con razón, que UPyD apoya el matrimonio homosexual, no es contrario al aborto y propone que no haya ningún tipo de enseñanza religiosa en la escuela pública, así como que se revise el Concordato vigente entre la Santa Sede y España. Visto lo cual, parece complicado decirse católico y apoyar a UPyD. ¿O no tanto?
Respecto al primer tema, ¿qué va a cambiar el PP de Mariano Rajoy si alcanza el poder? El candidato popular, a expensas de conocer el dictamen del Tribunal Constitucional sobre la reclamación que él mismo remitió, ya ha explicado en innumerables ocasiones que él propone las uniones homosexuales, incluida la adopción de niños. Con el único cambio de que no figuraría la palabra “matrimonio”. A mí esta solución me parece correcta (salvo en lo de la adopción, pues, al no ser un especialista, no me veo capaz de asegurar nada con rotundidad), ¿pero también se lo parece a los católicos que me achacan tibieza o flojera de fe?
¿Y sobre el aborto? Rajoy ha dicho que eliminará el que las menores de 16 años no tengan que pedir permiso a sus padres antes de abortar y que fomentará el derecho a la vida (una generalidad sin concretar). De acuerdo, pero ¿y qué más? Como mucho, abolirían la actual Ley del Aborto… permaneciendo la anterior, como lo permaneció en sus ocho años de Gobierno. Claro que en esa ley el aborto no era un derecho, pero sí era un coladero por el cual ha habido en España cientos de miles de abortos… Esta cuestión es complejísima, pero imagino que mis compañeros católicos esperarán mucho más del PP de Rajoy. Aquí es cuando yo me pregunto: ¿la mayoría de católicos de votan al PP tienen problemas de conciencia por hacerlo? ¿Incluso si en España los homosexuales se siguen casando y el aborto es una opción más? Porque eso es lo que va a pasar con el PP de Rajoy.
No, el PP no va a eliminar la clase de Religión ni va a revisar el Concordato con la Santa Sede. Aun así, quiero hacer ver que son muchos los católicos que defienden ambas opciones. No es una cosa de laicistas comecuras. Que conste que yo no estoy de acuerdo en estas medidas concretas, pero sí que lo estoy en que cada vez sea más visible la separación entre la Iglesia y el Estado. Por ejemplo, como ya defendí aquí tras las últimas elecciones, no veo correcto que el crucifijo presida las tomas de posesión de los cargos públicos.

Es un ejemplo que explica que en España siempre ha habido dos almas. También dentro de la Iglesia. Porque, dentro de la Iglesia, hubo quien rechazó desde la Inquisición hasta que la institución eclesiástica permaneciera demasiado cerca del Estado. Y hablamos, en el segundo de los casos, de una cuestión de siglos, que ha atravesado por todo tipo de etapas y que llega hasta hoy. Estas dos almas han estado presentes en la sociedad. También en la izquierda. Y aquí es a donde quiero ir a parar: UPyD no representa la línea atea y antieclesial de quienes fueron intransigentes con la propia existencia de la Iglesia (una semilla que, desde la lógica separación del tiempo, sí veo hoy en otros partidos). UPyD representa una línea intelectual de librepensadores, ejemplificada a la perfección por los liberales contrarios al absolutismo. Hubo muchos de estos (incluidos sacerdotes) entre quienes formaron las Cortes de Cádiz y que aprobaron la primera Constitución, ‘La Pepa’, allá por 1812. Ese fue el gran ejemplo en la historia de España en que liberalismo y catolicismo convivieron sin problemas. Y trabajaron juntos con el fin de mejorar la sociedad .
Este espíritu se aprecia perfectamente en este párrafo del Manifiesto Fundacional de UPyD: “En la escuela pública no deberían darse cursos de ninguna religión, lo mismo que tampoco deberían ofrecerse lecciones de ateísmo. Nosotros, en pos de la igualdad de todos los creyentes y no creyentes, quisiéramos alcanzar un Estado realmente laico, en el que ninguna religión perdiera sus derechos, pero desapareciesen los privilegios actuales de ciertas confesiones, que en ocasiones convierten el interés general en rehén de creencias particulares”. Puede gustar o no, pero no veo a UPyD expulsando a los jesuitas de España, cerrando los conventos y los monasterios o exigiendo a los sacerdotes su adhesión a una Constitución atea… UPyD no es un partido de revolucionarios antisistema. Es un partido de élites (entendiendo por élites a personas implicadas y formadas, más allá de su condición social) que quieren renovar el sistema desde dentro.
Cuando yo explico mi posible voto a UPyD doy por hechas dos cosas. La primera es que yo no soy militante. De éste ni de ningún partido. No soy un político que he de justificar mi posicionamiento. Simplemente, como ante cada proceso electoral, pienso a fondo lo que creo mejor para mi país. En este sentido (aquí entra la segunda cuestión), parto de que UPyD no lucha por ganar las elecciones. Soy consciente de que apoyo a una minoría sin ninguna opción de alcanzar el Gobierno. Lo cual me facilita mucho las cosas: quiero que se escuche con más fuerza una voz que habla de regenerar la democracia en un momento de crisis general (también del sistema), con lo que estoy encantado. Y aún no debo ponerme en la posición de elegir si apoyo a un partido con posibilidades de Gobierno que podrá desarrollar políticas contrarias a mi fe.
Los católicos que votan al PP (una opción que me parece más que respetable) sí han de enfrentarse estos días ante esa decisión. ¿La han consultado también con su conciencia?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
