La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Mi ideal de cristiano del siglo XXI

Evidentemente, hay millones de modelos a la hora de dibujar el cristiano del siglo XXI. Por ello, me voy a limitar a exponer un ejemplo, ficticio, que creo sugerente: se llama Marta, y es una chica de 23 años. Viste ropa moderna, es alegre y extrovertida. Es cínica, irónica, misteriosa. Estudia Filosofía en la Complutense de Madrid. Gran aficionada al cine, admira sobre todo a Tarantino y a Álex de la Iglesia. Sale de fiesta todos los fines de semana: a veces vuelve especialmente “contenta” a casa. Su música favorita es el hip-hop y el rap. Abomina de los toros y no tiene ni idea de fútbol. Lee todo lo que cae en sus manos y cree que puede ayudarla a crecer, a abrir su mente: Nietzsche, Hesse, Unamuno, Voltaire, Ortega y Gasset, Erasmo, García Lorca, Miguel Hernández, García Márquez, Vargas Llosa… Igualmente, se informa a través de varios medios de comunicación, en radio, televisión, prensa e internet. Medios serios, constructivos, estimulantes, de distintas ideologías. Apasionada, se mete en todos los “charcos”. Discute de todo tipo de temas; cambia de opinión cada cierto tiempo, evoluciona.

Cada vez es más consciente de lo mal que está hecho el mundo de hoy. Lo cual no le impide sentir una gran empatía por cuanto la rodea: quiere al mundo y reza por todas las personas que pueblan la Tierra, aunque es consciente de lo difuso, por lo enorme, de tan buena intención. Es cristiana a carta cabal. Participa en la Misa cada domingo y ayuda en la catequesis de su parroquia. Echa una mano en la ONG de un amigo dedicada a la inclusión social de inmigrantes. Muchas de esas personas a las que ayuda son musulmanes. No les habla de su fe, aunque todos saben que es cristiana por una pequeña cruz de madera que cuelga de su cuello.

Marta, moderna, crítica, reflexiva, con los pies en la tierra, valora enormemente la significación de la Iglesia: la aprecia por ser el instrumento que dejó Jesús para que todos los hombres de todos los tiempos conocieran y celebraran una fe por la que Dios se hace y muere por Amor. Sin embargo, no le tiemblan los labios cuando ha de denunciar las incoherencias y cegueras de esa Iglesia de la que se siente plenamente hija. Más allá de cualquier cuestión, le apena la sensación por la que percibe que la Iglesia está encerrada en sí misma en los países en los que aún es su fe la mayoritaria. Muchos hijos de la Iglesia, en lo que supone un grave antitestimonio, parecen no amar al mundo: al contrario, hacen ver con sus soflamas que solo les importa del mundo aquello vinculado a su código moral. Si en un país hay guerra, solo importa la situación de los cristianos. Si un país padece una dictadura, en caso de que esta proteja a los cristianos, entonces cierran los ojos y se tapan la nariz. Marta, tachada de relativista por algunos de esos compañeros en la fe, no cierra los ojos ni se tapa la nariz.

Marta tiene dudas de fe, siempre las ha tenido. Pero jamás se ha salido de un camino en el que cree que encontrará la justicia y la felicidad en el grado máximo. El camino hacia Dios, lo tiene asumido, es para ella un camino de espinas. Pero espera no flaquear jamás. Marta es, en definitiva, una cristiana del siglo XXI. Como Tomás, el cura de un pequeño pueblo de Albacete, el cual… Bueno, esa es otra historia, otro modelo tan válido como el de Marta. Simplemente, depende de cada uno elegir el espejo en el que mirarse para intentar ser mejor.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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