
No, no ha sido O’Malley… Pero estoy convencido de que el Papa revolucionario por el que muchos clamamos ya ha llegado: Jorge Mario Bergoglio, ya Francisco I. ¿Cuánto tiempo hacía que no había un Papa monje? Y encima jesuita, la punta de lanza de la Vida Religiosa tan denostada por algunos… El primer Papa ignaciano de la Historia ha llegado tras cinco siglos de incansable caminar de una comunidad de hermanos al lado de los otros hombres. Es una fantástica noticia.
Como lo es el que la Iglesia se haya abierto al fin al Continente de la Esperanza. América Latina ya está aquí, con toda su fuerza y su riqueza, recibiendo un espaldarazo esencial. ¿Y cómo obviar el nombre elegido? El primer pontífice, de 266, que se ha atrevido a imponerse el “Francisco” que tanto evoca al santo más ligado a la caridad desnuda. Por cierto, no es curial. Era el pastor de la única Buenos Aires. Más libre de ataduras se verá…
Puedo equivocarme, pero me siento inmensamente feliz. En plena Cuaresma, en este día y en esta época de crisis, tenemos un guía de la barca del Maestro que, “antes de bendecir al pueblo”, pide que “sea el pueblo quien me bendiga a mí”. Quien hace ocho años no se vio preparado para navegar esa barca, hoy acepta el reto de conducirla cuando el mar está muy revuelto. ¿Que ya es mayor, con sus 76 años? Más edad tenía Benedicto XVI, o Juan XXIII, y ambos testimoniaron la apuesta por un cambio necesario, aunque les fallasen las fuerzas para culminar ambos bregares. Jorge Mario Bergoglio, Francisco I, ya ha roto muchos moldes en el primer momento, por ser quien es y por lo que representa.
Que Dios le dé fuerzas para ser, en verdad, el Papa revolucionario.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
